La desintermediación del transporte (o la rebelión de los tacheros)

Según los más acreditados diccionarios de lunfardo se define como tachero al “conductor de automóviles con taxímetro”. O sea, hoy voy a escribir sobre la rebelión de los taxistas europeos. ¿Y por qué se rebelan los taxistas europeos? Porque han aparecido empresas que, a través de simples aplicaciones para dispositivos móviles, han generado un mercado paralelo mucho más flexible y económico… y a menudo situado en los márgenes del sistema fiscal. ¿Es ilegal viajar en un coche compartido? ¿Hasta dónde estos nuevos sistemas escapan a las redes fiscales y no pagan impuestos? ¿Por qué no favorecer un mercado del transporte más “líquido”? Las discusiones que genera la desintermediación del transporte son idénticas a las que afectan otros mercados como el inmobiliario: si los taxistas se ensañan con la plataforma Uber, las inmobiliarias apuntan los cañones contra Airbnb.

 

 

Uber

Esta startup con sede en California (vaya novedad) se propone desintermediar el mercado del transporte a través de una app que funciona como interfaz entre demanda/oferta de movilidad. Según su web

Uber está evolucionando la forma en la que el mundo avanza. Al conectar perfectamente a pasajeros con conductores a través de nuestras aplicaciones, hacemos más accesibles las ciudades, lo cual permite más posibilidades para los pasajeros y más negocios para los conductores. Desde nuestra fundación en 2009 hasta nuestros lanzamientos en más de 70 ciudades en la actualidad, la rápida expansión de la presencia global de Uber continúa acerando a las personas y sus ciudades.

Antes de seguir conviene aclarar que Uber es sólo una de las muchas empresas que ofrecen una plataforma para la desintermediación del transporte. Otras como CabifyLyft o Sidecar proponen servicios similares. Lejos de ser el fruto de un grupo de estudiantes aburridos estas empresas van en serio y poderosos grupos de inversión -desde Google Ventures hasta Goldman Sachs- sustentan sus proyectos. Un dato: más de 10 millones de europeos ya utilizan estos servicios de transporte alternativo.

 

 

De la desintermediación a la ciberintermediación

En el 2011 con mis colegas Hugo Pardo Kuklinski y Cristóbal Cobo realizamos una investigación sobre los procesos de desintermediación educativa que presentamos en la conferencia McLuhan Galaxy Barcelona 2011 y en el simposio “A Decade in Internet Time” organizado por el Oxford Internet Institute (aquí una breve exposición de esa investigación: Death of the university? Knowledge Production/Distribution in the Disintermediation Era). En los años 1990 la desintermediación -o sea, la muerte del middleman- aparecía como uno de los grandes mitos del relato digital: la red favorecería una relación directa entre productores y consumidores, eliminando de un plumazo todas las instancias intermedias. Concesionarios de coches, inmobiliarias y agencias de turismo estaban avisadas: su futuro estaba en peligro.

¿Qué pasó? Todos esos sectores sufrieron el embate de las nuevas formas de intercambio que pasan por encima del middleman: los usuarios comenzaron a comprar/vender coches en Craiglist, alquilar apartamentos en Airbnb o comprar pasajes de avión en Rumbo. ¿Significó esto el fin concesionarios, inmobiliarias y agencias de turismo? No. Pero sus negocios se vieron en algunos casos muy afectados y debieron rediseñarse proponiendo nuevos productos y servicios a sus clientes. La desintermediación introdujo nuevos actores y lógicas que obligaron a los viejos actores a cambiar y adaptarse a un entorno más competitivo y dinámico. Sin embargo conviene preguntarse: ¿debemos hablar de desintermediación? ¿O no sería mejor sostener que estamos de frente a nuevas formas de reintermediación fundadas en la tecnología digital?

¿Por qué “reintermediación”? Porque las plataformas que favorecen la eliminación del middleman generan a su vez nuevas formas de intermediación! Uber, Airbnb, Craiglist o Rumbo son espacios de intermediación que funcionan con lógicas diferentes a las de las viejas instituciones intermediadoras. Es en este contexto que podemos hablar de ciberintermediación -las nuevas intermediaciones se basan en redes y plataformas digitales- o intermediación colaborativa  -las nuevas intermediaciones se fundan en los intercambios P2P o apelan a ellos a la hora de valorar servicios y productos-.

 

 

Desconfianza versus confianza

Muchos procesos que se definen como “desintermediación” no son otra cosa que “ciberintermediaciones” o “intermediaciones colaborativas” donde las relaciones entre usuarios marcan el ritmo de las interacciones. De manera incipiente pero firme avanza una economía basada en la idea de compartir mucho más sostenible que el consumo individual de bienes y servicios. Los viejos actores económicos no terminan de comprender la profundidad de los cambios y buscan refugio en un Estado impotente y armado con instrumentos legales del pasado.

Mientras en España interviene el Estado para pedir que la UE regule este sector (ya se negaron) y los taxistas se declaran en rebeldía, Uber aumentó de manera exponencial sus usuarios gracias a esta inmejorable publicidad gratuita. En USA la revista Wired este mes analiza a fondo y en cierto modo festeja este fenómeno que “devolvió la confianza a los americanos” (How Airbnb and Lyft Finally Got Americans to Trust Each Other). Todo hace pensar que los procesos de desintermediación-reintermediación-ciberintermediación seguirán avanzando y muchos sectores de la (vieja) economía sufrirán sus consecuencias.

 

 

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