La dimensión política ignorada de cultura digital

 

En esta segunda década del siglo XXI se viene consolidando un discurso crítico de la fase más comercial del digitalismo. Considero a esta visión muy valiosa para entender la evolución tecnológica con una mirada de mayor perspicacia, que ponga en perspectiva la brecha entre la rápida evolución tecnológica con la lenta adaptación cognitiva, y alerte a la opinión pública sobre los NUEVOS problemas de la cultura digital. Algunos de estos teóricos críticos son Cass Sunstein, Lev Manovich, Evgeni Morozov, Nicholas Carr, Jaron Lanier, Andrew Keen, Umberto Eco, Ulrich Beck, por citar solo algunos fuera del exitismo digital.

Solamente esta semana leí tres artículos significativos al respecto. Uno de ellos es Politizar la tecnología. La expansión de la moda digital pide un debate público sobre sus consecuencias, de Diego Beas en El País de España. Beas señala que “la conversación pública difícilmente logra ir más allá de alabar y maravillarse por la aparición del último cacharro o moda digital” (…) “la conversación pública sobre tecnología, innovación y su valor social está vacía de una dimensión fundamental: la dimensión política.” Otro artículo interesante es El (oscuro) futuro de Internet, escrito por Maryen Castillo para el suplemento Icon, también de El País. Por último, una cita significativa es Don’t believe the hype, the ‘sharing economy’ masks a failing economy, de Evgeny Morozov en The Guardian.

En mi nuevo libro Opportunity Valley. Lecciones aún no aprendidas de treinta años de contracultura digital, dedico el epílogo a alertar sobre dicha fascinación acrítica. Allí comparto algunos aspectos cuestionadores de lo que será el postdigitalismo si descuidamos y cedemos definitivamente en favor de corporaciones y gobiernos el control público de las tecnologías digitales, las redes y, sobre todo, nuestros datos. Estas reflexiones críticas nos alertan sobre que muchas veces la fascinación digital es más negocio de obsolescencia planificada que innovación con sentido social. Lo nuevo no es necesariamente importante o innovador. La mejor tecnología para el beneficio privado no es necesariamente la mejor tecnología para el bien público. Los ciudadanos y consumidores están invadidos por una literatura comercial tecnofóbica y casi sin resquicio de juicio crítico hacia la novedad.

 

 

En #OpportunityValley, se organiza la crítica en cuatro aspectos que considero centrales y que conducirán el debate político del digitalismo en los próximos años. Me remito a sintetizar algunas ideas expresadas en este nuevo ensayo sobre la contracultura digital:

1. Jardines abiertos, pero sin acosadores. Los Estados, las corporaciones y la violación de la privacidad digital. ¿Cualés pueden ser las consecuencias de un espionaje generalizado en las plataformas híperconectadas? Quizás en unos pocos años haya que preocuparse de cómo los gobiernos utilizan el big data para controlar más de que para integrar al ciudadano a la gestión pública en tiempo real y para ofrecerle mejores servicios. El caso del espionaje de la NSA ha significado una bisagra en la percepción ciudadana de la vigilancia de las redes. Edward Snowden le mostró al mundo los procedimientos secretos de la agencias secretas norteamericanas, incluso para hacer espionaje a los gobiernos históricamente aliados. Como explica Steven Levy en How the NSA Almost Killed the Internet. Google, Facebook, Microsoft and the other tech titans have had to fight for their lives against their own government, los archivos que Snowden compartió a la prensa mostraban que -a través de un programa secreto llamado PRISM-, la NSA y el FBI poseen acceso indiscriminado a los servidores de las grandes compañías de Internet y los han estado analizando bajo el amparo de las leyes de seguridad nacional pos 11S. Todo esto para vigilar especialmente a las personas viviendo fuera de los EE.UU. y sin que las compañías de Internet puedan oponerse. Este nuevo tipo de espionaje a las interacciones sociales en la Red, quiebra el hasta ahora delicado balance entre el respeto a la privacidad de los usuarios y la utilización de sus datos para mejorar la experiencia del usuario. ¿Cuál será el límite de la gestión de datos de los usuarios? La Ley de la Automatización de David Wyland sentencia: “Todo lo que pueda ser hecho automáticamente por tí, puede ser hecho automáticamente hacia ti”. En Who owns the future? (2014), Jaron Lanier analiza los siren servers, servidores de élite de un gran poder de procesamiento y que funcionan para predecir las conductas de las personas y tomar decisiones. Lanier los describe como unos grandes manipuladores: “una nueva clase de computadores que procesan sin discriminar y con gran eficiencia la información de los esquemas financieros, compañías de seguros, tiendas en línea, redes sociales, sistemas de búsqueda y, también, servicios de inteligencia”. El problema del espionaje no es trivial, ni para usuarios ni para los emprendedores de Internet. Las redes sociales pasaron de ser una herramienta secundaria de interacción a ser una parte central de nuestras vidas. La información que se genera o se sube a Internet está actualmente bajo exclusivo dominio de la justicia y las leyes norteamericanas -y las agencias secretas del gobierno tienen potestad de acceso a ellas-. En un futuro mediato de conectividad 7/24, esta potestad legal resulta inadmisible, tanto para ciudadanos del mundo como para gobiernos.

2. Las plataformas sociales que monetizan a costa de los contenidos producidos por los usuarios (que muy pocas veces adquieren beneficios directos por dicha producción). A pesar de que se tenga mucho éxito en la Red, la posibilidad de ganar dinero es muy baja, casi insignificante. El éxito de viralidad en las redes sociales está destinado a unos muy pocos afortunados. La estructura de poder de la economía de la atención es extremadamente desigual, como ya analizó en su momento Albert-Lászlo Barabási en Linked (2007). Si se estudia el movimiento de Twitter, se observa que un usuario activo promedio tiene una media de 117 seguidores, solamente el 1% de los usuarios registrados en la plataforma tiene más de 3000 seguidores, y el 0,01 % de sus usuarios tiene más de 25.000 seguidores. Más allá de la expectativa de visibilidad social, el modelo de las plataformas sociales es poco sustentable para el mercado de productores. Mientras, los accionistas de las plataformas sociales ganan millones de dólares por rentabilizar los contenidos ajenos. La ley del ganador toma todo excluye a los creadores, dentro del mito de la monetización por visualizaciones.

¿Cómo se podrían distribuir las ganancias por clicks hacia un modelo mejor distribuido? Quizás haya que comenzar a pensar en una nueva estructura de “ganador toma casi todo”, dejando una parte importante de las ganancias a los productores de contenidos con más éxito. El modelo free resulta financieramente devastador para muchos productores de contenidos, especialmente para los más jóvenes. Un esquema de una amplia distribución de más y mejores contenidos no debe resultar necesariamente en mayor precariedad para los autores. Las plataformas sociales necesitan de autores y especialmente de curadores, y éstos deben ser mejor recompensados. Hacia este camino parece llevar la nueva estrategia de YouTube liderada por Susan Wojcicki, como bien se analiza en el artículo de portada de Fast Company de este mes de septiembre. La gestión de la sobreabundancia de información en la economía de la atención distingue entre información de bajo nivel -noticias del día a día y commodities- e información de alto nivel -información científica, financiera, de investigación periodística, de datos complejos, etc. Para este segundo nivel de contenidos se debería repensar la relación entre plataformas y autores (profesionales, pero sobre todo no profesionales).

 

 

3. Comprender cómo el diseño del software condiciona los procesos. Se trata de debatir y comprender la ideología del software, dado que el diseño del software condiciona la interacción. En la mayoría de casos, no se hace lo que el usuario quiere, sino lo que el software le deja hacer. Por esto, si no se comprende el software en sí mismo -y la mayoría de personas no son conscientes de cómo éste condiciona las prácticas- se vive en peligro de lidiar exclusivamente con “lo que la tecnología quiere” (Kelly, 2010). Para Lev Manovich (2013) en el brillante Software takes command: extending the language of new media (2013), el software es como el motor de las sociedades contemporáneas y la cultura digital es una cultura del software. La producción, distribución y recepción de la mayoría de contenidos está mediada por las lógicas de funcionamiento del software. Manovich considera que la computadora metamedio contiene dos diferentes tipos de medios. El primero es la simulación de anteriores medios, pero extendido con nuevas propiedades. El segundo es un nuevo medio computacional que no tiene precedentes físicos. Este segundo es el que debemos aprender cuando se habla de empoderamiento digital: comprender los usos y posibilidades de este nuevo monomedio o metamedio que abarca a todos los anteriores. Provocar la obsolescencia de las personas hace que las computadoras parezcan más avanzadas. Por ejemplo, cuando se habla de innovación con uso de TIC en las prácticas pedagógicas lo central es el para qué. El software o las plataformas para lograrlo son secundarias y se deberían adaptar a las prácticas, no las prácticas al software.

4. ¿Cuál es el límite de una estrategia de visibilidad social? Es un tema que me tiene sensibilizado hace un par de años. En Digital Vertigo. How today’s online social revolution is dividing, demising, and disorienting us (2012), Andrew Keen define hipervisibilidad como la forma de actuar de personas que están en todos lugares -virtuales- y en ningún lugar -físico-. Lo más visible que alguien parece, lo más invisible que resulta ser, afirma Keen. Se decía previamente que lo que no se comparte es tan importante como lo que se comparte. Los seres humanos somos sociales, pero también apreciamos la privacidad. Dado tantos ejemplos improcedentes que se observan a diario sobre la construcción de marca digital, quizás se necesite una nueva alfabetización en gestión de la privacidad digital. ¿Es en los medios sociales necesario demandar siempre respuesta instantánea y recompensa inmediata? Seguramente, lo estratégicamente adecuado sería apostar por una mayor visibilidad digital, pero haciendo foco en los intereses profesionales. De esta manera, se limita el acceso a los aspectos más privados -mucho más aún en el campo de lo emocional- al amplio grafo social que ofrecen los medios sociales.

La polémica continuará…