La nueva POLITICA en red

 

Estando esta semana en Buenos Aires descubrí el excelente trabajo del Partido de la Red en Argentina. Al igual que Movimento 5 Stelle en Italia, el movimiento ecologista A #rede dirigido por Marina Silva y el movimiento Fora do Eixo en Brasil, el Movimiento 15M en España, YoVoto.com.py en Paraguay, u otras plataformas ciudadanas como Votolatino.org, ImproveSF.com, Change.org o PublicStuff.com, así es lo que deberá ser la política en siglo XXI, plebiscitaria y sin intermediaciones. Algunos ejemplos son prácticas para incorporar ciudadanos a las legislaturas del país y a su aparato político. Otros, en cambio, ignoran de plano dichas estructuras y se concentran en empoderar a las personas, diseñar redes horizontales provisionales en búsqueda de algún objetivo social concreto.

En esta línea, cada vez que participo de algún debate de ideas sobre la nueva política y el diseño de los nuevos movimientos sociales, recomiendo leer Comunicación y Poder, el libro-investigación que en 2009 publicó Manuel Castells. Esta reseña que compartimos ahora, la hicimos Carlos Scolari y yo apenas el libro se dió a la luz, y me pareció pertinente volver a publicarla, para entender el enorme valor de este texto para comprender el futuro de la política, la política-des-intermediada. Hace sólo unos días, (La Vanguardia Magazine, septiembre 2013), le preguntaron a Manuel Castells sobre la crisis española: “Sin instrumentos democráticos limpios, cualquier intento de gestionar las crisis es desviado hacia los intereses de las élites dominantes y la clase política.” señaló el sociólogo catalán. “Que los políticos honestos dieran un paso adelante y plantearan la refundación de la política por democracia participativa, renovación o disolución de partidos, nuevas leyes electorales, utilización de Internet en debates ciudadanos…”

 

Sobre Comunicación y Poder, el nuevo libro de Manuel Castells, por Hugo Pardo Kuklinski.

Existe un antes y un después en la comprensión del fenómeno del poder luego de leer Comunicación y Poder, el nuevo libro de Manuel Castells (Alianza Editorial, 2009). El trabajo de 648 páginas es un tratado sociológico que da un enfoque innovador para comprender la dinámica del poder en la sociedad red, donde el consenso se configura con la comunicación. El libro será una referencia en la década que comienza. Como ha sucedido con la trilogía La Era de la Información, me animo de decir que nadie escribe sobre Internet como Manuel Castells (y equipo): con tanta dedicación, obsesión y rigor científico. No avanza un paso en su escritura sin argumentos precisos. Y por eso, nos avisa que se trata de una teoría incompleta sobre el poder, ya que el poder político es sólo una dimensión de éste.

El ensayo tiene 25 días en las librerías españolas, aunque el trabajo original en inglés ha sido publicado en junio pasado (Amazon presenta una página de información muy completa y además se puede leer aquí). Cómo la estrella académica que es, Castells está presentando el libro en España hace días y ha concedido algunas entrevistas y conferencias. La más relevante, la que dió a RTVE. Aquí una breve reflexión del autor. Internet no es publicidad, sino comunicación, y eso es lo que no entienden los políticos cuando hacen campaña. En ese sentido, Castells dice en su libro: “El mensaje es eficaz si el receptor está dispuesto a recibirlo y si se puede identificar al mensajero y éste es de fiar”. La Fundación Telefónica publicó en agosto de 2008 el artículo Comunicación, poder y contrapoder en la sociedad red. Los medios y la política. Se lo puede considerar un anticipo en abierto del libro.

Analicemos el libro. La clave es que el poder es una relación y no un atributo y entonces está en movimiento y fluctúa según el consenso social. Esto significa que, excepto en las dictaduras más claustrofóbicas, “hay aceptación de las condiciones de los sujetos al poder. Cuando este consenso se rompe, la relación de poder cambia”. La idea central del libro es que “las relaciones de poder se construyen en la mente a través de los procesos de comunicación (…) El poder se basa en el control de la comunicación y la información. Ya sea el macropoder del Estado y de los grupos de comunicación o el micropoder de todo tipo de organizaciones”. Para comprender el rol de la comunicación en los juegos de poder, el sociólogo catalán define poder con precisión: “El poder es la capacidad relacional que permite a un actor social infuir de forma asimétrica en las decisiones de otros actores sociales de modo que favorezca la voluntad, los intereses y los valores del actor que tiene el poder. El poder se ejerce mediante la coacción (o la posibilidad de ejercerla) y/o mediante la construcción de significado partiendo de los discursos”.

Sigo citando. Según Castells, “el poder depende del control de la comunicación. El contrapoder de romper dicho control (…) Las redes de comunicación procesan el conocimiento y las ideas para crear y destruir la confianza, la fuente decisiva del poder”. Por esto Internet es una herramienta tan poderosa para generar nuevos espacios de poder social. Como alguna vez le escuche decir a Alejandro Piscitelli, pensar es pensar contra alguien. Castells afirma que “el poder para hacer algo, es siempre el poder de hacer algo contra alguien o contra los valores e intereses de ese alguien“.

Como señalo en la introducción de mi nuevo libro Geekonomía. Un radar para producir en el postdigitalismo (disponible en enero de 2010 en abierto en la Red): desde la irrupción de Internet y la computación personal, los geeks son los nuevos escribas del mundo, capaces de crear los instrumentos que utilizan, o apropiarse de manera especial de los ya creados. Ellos configuran y la sociedad consume. Al comienzo del nuevo siglo, son los geek quienes están al frente del capitalismo. La geekonomía se hace fuerte en la construcción de las redes, y su clase social dominante, la netocracia, ocupa los lugares más relevantes en la economía globalizada, desplazando a políticos y burócratas. En la misma línea, Castells considera que la política y las redes burocráticas “han perdido poder en detrimento de las múltiples redes ciudadanas, mucha de ellas globales”. Para Castells, existen otros nodos relevantes: “con la globalización multinivel, el estado se convierte en un nodo importante más de una red, la red política, institucional y militar, que se solapa con otras redes significativas en la construcción de la práctica social”.

En tanto el poder es diseñado desde la construcción de significado en la opinión pública, el rol de la netocracia es central en la sociedad de la información. Y los productores de la Web social tiene un rol central en la construcción de nuevas dinámicas de poder. Según Castells: “en las redes sociales y organizativas los actores sociales, promoviendo sus valores e intereses e interactuando con otros actores sociales, están en el origen de la creación y programación de las redes”.

La netocracia tiene a su servicio redes de eficiencias muy dispares. Como programadores de las redes, no tienen en cuenta la configuración institucional ni las fronteras de los Estados-naciones, afectando aún más el poder de las burocracias y la política. En ese sentido, para Castells “las redes cumplen un rol clave en la organización social a través de la historia. Y contradice la idea de que han sido las burocracias jerárquicas basadas en la integración vertical de los recursos y sujetos quienes han organizado la vida social. Esta ha sido la representación de una elite social.”

Una de las hipótesis más relevantes del libro es que las estructurales verticales siempre fueron más poderosas porque en la era pre-digital eran más eficientes para construir poder. En cambio, las redes horizontales y participativas eran ineficientes y muy lentas para construir nodos y actuar. Para Castells “la superioridad histórica de las organizaciones verticales jerárquicas sobre las redes horizontales se debe a que las organizaciones sociales en red tenían límites materiales que vencer, fundamentalmente en relación con la tecnología disponible. La fuerza de las redes radica en su flexibilidad, adaptabilidad y capacidad de autorreconfiguración”. Según el autor “El surgimiento de las TIC expandió todas las potencialidades de las otras redes no burocráticas y modificó el panorama del poder, sobre todo a partir de los años 90 con la masificación de Internet”. En ese sentido, Castells cuestiona el rol de las burocracias “reticentes a utilizar tecnología en red que suponga compartir sus prácticas y pueda poner en peligro su capacidad para conservar el control sobre sus atribuciones”. Asimismo, en la comprensión del poder estatal, Castells afirma que “el actual proceso de toma de decisiones políticas opera en una red de interacción entre instituciones nacionales, supranacionales, internacionales, connacionales, regionales y locales que alcanzan a las organizaciones de la sociedad civil. (…) el nuevo estado red se caracteriza por compartir soberanía y la responsabilidad entre distintos estados y niveles de gobierno.”

Podría hacer varios posts analizando y citando el nuevo trabajo de Castells. Tengo más de veinte páginas con fichas del libro, para compartir en los próximos años con mis alumnos. Cada capítulo es una precisa descripción del fenómeno del poder desde ángulos muy variados: política del escándalo; crisis de la democracia; emoción, cognición y política; reprogramar las redes, recablear las mentes, etc. Me quedo con otra idea central a modo de conclusión sobre la comprensión de la configuración de las redes de poder. Para Castells “las redes están programadas y pueden autoconfigurarse en una búsqueda interminable de disposiciones de red más eficientes”. Esta idea es brillante: “los protocolos de comunicación determinan las reglas que hay que aceptar cuando se está en la red (…) El poder se ejerce por la imposición de reglas de inclusión (..) El poder de la red es el poder de los estándares de la red sobre sus componentes. Antes de fin de año, una de las tareas obligatorias es leer a Castells. Regalo de navidad: lectura en la playa (para el verano austral) o en la montaña (para los europeos). A disfrutar!

 

 

Comunicación y poder (I): Manuel Castells y la autocomunicación de masas, por Carlos Scolari.

Comunicación y Poder (Alianza) de Manuel Castells es quizás EL libro del año: fue publicado a mediados del 2009 en los Estados Unidos y unos meses más tarde en España. Debido a la extensión del texto – 680 páginas- en esta reseña crítica sólo desarrollaré algunos temas y hablaré de las cuestiones que más me llamaron la atención.

La reseña se divide en tres partes y, cuando la termine, no descarto unificarlas en un único documento PDF. Antes de pasar al libro, quisiera resaltar lo de “reseña crítica”: en realidad, todas las reseñas deberían ser “críticas”; sin embargo, a menudo muchas se dedican a promover la compra de algún libro sin profundizar demasiado en su contenido o sin evidenciar los aspectos polémicos del mismo. Este no es el caso.

Al final de mi libro Hipermediaciones incorporé a modo de conclusión una breve sección sobre comunicación y poder: ahí decía quelos procesos de producción, distribución y consumo cultural “… no son actividades políticamente inertes o neutrales. Todos estos procesos tienen lugar bajo relaciones sociales marcadas por el conflicto y deberían encuadrarse en las confrontaciones hegemónicas que atraviesan la sociedad. Tampoco los discursos teóricos, incluido el de este libro, son neutrales ni gozan de inmunidad de frente a los relatos míticos o a las ideologías.” Si hiciéramos click en ese párrafo, se extendería ante nosotros la monumental obra que Manuel Castells acaba de publicar. Sin embargo, si el lector se piensa que nos encontramos ante “el nuevo libro de Castells sobre Internet”, está equivocado: este es un libro duro y contundente sobre sociología del poder.

Las redes
El primer capítulo del libro de Manuel Castells (del prólogo ya hablaré más adelante) es un texto brillante, con vida propia, que resume desde una perspectiva global lo que entendemos por una sociedad en red. La visión del mejor sociólogo de Internet –su bien merecida fama lo colocan entre los científicos sociales más citados de las últimas décadas (ver PDF)- es a 360º: Castells tiene una enorme capacidad para identificar tendencias, trazar mapamundos y construir paisajes sociológicos actualizados. A diferencia de otros pensadores que se dejan llevar por la poética, Castells no da puntada sin mencionar una investigación empírica que la sustente. Cada afirmación, cada análisis de Castells se basa en un estudio propio o de reconocidos miembros de la comunidad científica (sobre todo anglosajona).

En su análisis de las redes Castells se mueve con habilidad por la cornisa que separa el tecnologismo del sociologismo, evitando caer en cualquiera de los abismos: “la tecnología de redes y la organización en red son sólo medios que reflejan las tendencias inscriptas en la estructura social. El actual proceso de globalización tiene su origen en factores económicos, políticos y culturales… pero… las fuerzas que impulsaron la globalización sólo pudieron desencadenarse porque tenían a su disposición la capacidad de conexión en red global que proporcionan las tecnologías digitales de comunicación y los sistemas de información … “ (p. 51).

Podríamos dedicar varios posts a comentar este primer capítulo, pero lo mejor es leerlo. Lo repito: el primer capítulo de “Comunicación y poder” es brillante, es un texto autónomo que debería formar parte de la bibliografía obligatoria de todas las carreras de ciencias sociales.

La autocomunicación de masas
No es fácil definir las nuevas formas y prácticas de comunicación nacidas al calor de la web. En Hipermediaciones dediqué casi todo un capítulo a reflexionar sobre el tema: new media, multimedia, comunicación digital, comunicación interactiva, cibermedios, comunicación participativa, comunicación 2.0, cibercomunicación, eComunicación… ¿Cómo nombrar lo nuevo? Castells propone en el segundo capítulo de “Comunicación y Poder” el concepto de “autocomunicación de masas” para nombrar las nuevas formas de comunicación. A lo largo del capítulo deja caer varias definiciones:

- “Es comunicación de masas porque potencialmente puede llegar a una audiencia global, como cuando se cuelga un vídeo en Youtube, un blog con enlaces RSS (…) (y) al mismo tiempo, es autocomunicación porque uno mismo genera el mensaje, define los posibles receptores y selecciona los mensajes concretos (…) que quiere recuperar” (p. 88).
- “Esta forma de comunicación ha surgido con el desarrollo de las llamadas Web 2.0 y Web 3.0, o el grupo de tecnologías, dispositivos y aplicaciones que sustentan la proliferación de espacios sociales en Internet…” (p. 101).
- “… su contenido está autogenerado, su emisión autodirigida y su recepción autoseleccionada por todos aquellos que se comunican” (p. 108).

Por mi parte, creo que desde la perspectiva de las teorías de la comunicación el concepto de “autocomunicación de masas” es desafortunado. Según el Diccionario de la Real Academia Español el prefijo “auto” viene del Griego y significa “propio” o “por uno mismo” (autosugestión, autobiografía, automóvil). “Autocomunicación” me suena a comunicación con uno mismo, por ejemplo a la reflexión silenciosa que llevamos internamente dentro de nuestra mente. En cierta forma, desde esta perspectiva etimológica el concepto de “autocomunicación” no se encontraría muy lejos de la “comunicación intrapersonal” propuesta por Mortensen, Ruesch o Bateson en los años 1960.

Con este prefijo Castells quiere llamar la atención sobre uno de los elementos que caracterizan a las nuevas formas de comunicación: el carácter de producción individual/artesanal, o sea el espíritu de DIY (Do It Yourself). Obviamente, estamos hablando de una característica muy importante de la comunicación de la era post-broadcasting: la comunicación sin intermediarios profesionales. Pero aún queriendo evidenciarla en nuestra definición, el prefijo “auto” no me parece la mejor opción para nombrar estas nuevas formas de comunicación (quizás bastaría llamarlas “comunicación directa” o “comunicación desintermediada”).

Por otro lado, definir a las nuevas formas de comunicación como “de masas” (“autocomunicación de masas”) entraña sus riesgos: Por más que Facebook tenga 350 millones de usuarios… ¿Podemos seguir hablando de “masas” en una sociedad hiperfragmentada donde los grupos de consumo e identidades se desarman y recomponen a ritmo contínuo? La idea de “masa” no es sólo cuantitativa: implica también la existencia de una homogeneidad que cada día está más en discusión en los nuevos entornos de comunicación. Sin duda estamos de frente a fenómenos masivos por su cantidad, pero no por su calidad.

La discusión sobre cómo nombrar al nuevo “objeto” comunicacional es compleja. Podemos pasar varios años buscando el nombre más adecuado… Por mi parte, en Hipermediaciones decidí -como sostenía Jesús Martín Barbero en De los medios a las mediaciones (1987)- abandonar el objeto para recuperar el proceso: o sea, preferí no perderme en la discusión semántica sobre el nombre que deberíamos dar a los “nuevos medios” y apostar por analizar los nuevos procesos (las “hipermediaciones”).

Si tuviera que hacer un balance del segundo capítulo (que no se agota en estas cuestiones semánticas y del cual seguiremos hablando), tengo la impresión de que Castells se mueve con mayor soltura en la sociología de las redes que en las teorías de la comunicación. Sus referencias en el campo comunicacional no son tan profundas ni amplias como en el mundo de las redes. Un ejemplo basta de muestra: a la hora de afrontar las estrategias semióticas y los efectos del medio televisivo, Castells cita un texto clásico de Umberto Eco (“¿Il pubblico fa male alla televisione?”), un artículo publicado originalmente en 1973 y posteriormente incluido en Dalla periferia all’impero (Bompiani, 1977) y en uno de los volúmenes recopilatorios de Sociología de la Comunicación de Masas de Miquel de Moragas a mediados de los 1980.

La semiótica y análisis de discurso han recorrido un largo camino desde que Eco realizara sus primeros y polémicos aportes a la histórica discusión sobre los efectos de la televisión, pero no aparecen en “Comunicación y poder”. En la próxima parte de la reseña analizaré más a fondo la relación entre el texto de Manuel Castells y los enfoques semióticos, discursivos y cognitivos, sobre todo en lo referente a los estudios sobre el discurso político.

 

 

Comunicación y poder (II): Castells y el giro cognitivo, por Carlos Scolari.

En el tercer capítulo de “Comunicación y poder” Manuel Castells da un giro cognitivo, abandona la reflexión social sobre las redes y se mete en un territorio nuevo: el universo de las ciencias cognitivas. Para este viaje Castells se sirve de un par de guías de primer nivel, entre ellos George Lakoff, el teórico de los “marcos” (frames) que ha tenido un gran éxito entre los politólogos progresistas españoles gracias a su libro No pienses en un elefante. Lenguaje y debate polít

Para complementar su visión sociológica Castells recurre a los estudios de la cognición. El poder es un dispositivo que comienza en el Estado pero termina en la mente de los ciudadanos; entre ambos extremos, el sistema de medios opera como bisagra constructora de hegemonías políticas. Como ya dije en la primera parte de la reseña, Castells basa su análisis en infinidad de investigaciones empíricas y ejemplifica con situaciones políticas ampliamente conocidas. Sin embargo, y el mismo Castells lo reconoce, las ciencias cognitivas no son su especialidad, por lo que su discurso se fundamenta en los estudios de figuras reconocidas como el ya mencionado Lakoff.

Castells presenta la teoría de los marcos (ver esta síntesis del mismo Castells) y destaca su importancia a la hora de crear contextos y modelos para interpretar la realidad. La persuasión política tiene que ver con redes y narraciones porque el cerebro político es un cerebro emocional. Manipular la (des)información, construir buenas historias y tocar la fibra sensible de los ciudadanos (el factor emocional) son algunas de las coordenadas de este tipo de estrategia persuasiva. Castells, es necesario decirlo con todas las letras, adhiere sin medias tintas a una teoría manipulatoria de los medios.

A la hora de buscar ejemplos era inevitable analizar el más grande ejercicio contemporáneo de manipulación política de las masas: la movilización de la sociedad estadounidense para invadir Irak y destruir las armas de destrucción masiva. Dos marcos encuadraron esta estrategia: 1) la guerra contra el terror, y 2) el patriotismo. Los medios de comunicación fueron el entorno donde estas grandes narraciones se expresaron y llegaron a todos los hogares de Estados Unidos.

A modo de conclusión, Castells sostiene que “los ciudadanos estadounidenses fueron sometidos a los marcos de la guerra contra el terror y el patriotismo a través de los medios de comunicación, y después se les desinformó con la agenda establecida por la administración, con el consentimiento de las élites política, tal y como se reflejó en los medios” (p. 252).

Discurso, poder y sociedad

El análisis de Castells, como ya expliqué, se basa en una sólida recopilación bibliográfica e informes de investigación sobre opinión pública, audiencias y estrategias cognitivas de persuasión. Sin embargo, a este fascinante viaje por el mundo de la hegemonía política creo que le falta una parada. El autor habla de narraciones, persuasión, marcos y emociones, pero no cubre un aspecto que considero fundamental: el de los discursos políticos.

Mientras leía estos capítulos del libro de Manuel Castells esperaba en cualquier momento la aparición de dos reconocidos autores… pero no llegaron. Me refiero a Teu Van Dijk y Eliseo Verón, dos de los más eminentes analistas de discursos políticos. El planteo de Castells, impecable en su intento de trazar puentes entre la sociología del poder y las ciencias cognitivas, hubiera salido aún más reforzado si hubiera incorporado la dimensión discursiva. Entre el medio de comunicación y el marco mental que encuadra nuestras acciones/decisiones hay “algo”: el discurso, esa narración simple pero emotiva que a través de metáforas y otras figuras retóricas nos cuenta quiénes son nuestros aliados, quiénes los enemigos, y qué debemos hacer para enfrentarlos.

El último libro de Teu Van Dijk – Discurso y poder (Gedisa, 2009)- es el complemento ideal del recorrido propuesto por Castells. Ya desde las primeras páginas Van Dijk nos explica que “la cognición personal y social siempre media entre la sociedad o las situaciones sociales y el discurso. De ahí que los Estudios Críticos de Discurso necestimos estudiar los problemas sociales en la perspectiva del triángulo discurso-cognición-sociedad. Ninguna de estas tres dimensiones puede comprenderse plenamente sin las otras dos” (p. 39). Los textos de Van Dijk o Verón -desde Perón o Muerte con Silvia Sigal hasta La palabra adversativa- nos brindan el soporte que le falta al libro de Castells: un recorrido por el análisis de los discursos, las metanarraciones políticas y las estrategias discursivas de manipulación.

Demás está decir que el enorme espacio que ocupan las reflexiones cognitivas dentro de un texto de sociología de las redes y el poder no es casual: desde hace un par de décadas las ciencias cognitivas han expandido su radio de acción y han comenzado a hacer sentir su presión en la psicología, la semiótica, la sociología y muchos otros campos del conocimiento. ¿Podemos hablar de un giro cognitivo en las ciencias sociales? Sin dudas. A medida que se avanza en la construcción de teorías transversales, amplias y globales, los campos científicos tienden a confluir y a buscarse entre ellos. A menudo la comunicación es difícil y la famosa “interdisciplinariedad” se queda en las buenas intenciones, pero esta convergencia científica es quizá la única manera de romper los etnocentrismos epistemológicos.

 

 

Comunicación y poder (III): la chomskysación de Castells, por Carlos Scolari.

Como ya dije “Comunicación y Poder” no es un libro “sobre Internet”: es un texto duro y contundente sobre sociología del poder donde Manuel Castells desmonta los mecanismos actuales de dominación mediática y las nuevas formas de construcción de la hegemonía en una sociedad en red. Antes que de tecnología, el libro habla de política.

Castells dedica páginas y páginas a explicar el funcionamiento económico/ideológico del sistema de medios globalizado, describe su trama política y sus estrategias más habituales. En varias partes el autor construye cuadros sobre la estructura empresarial que liga entre sí a los grandes grupos de comunicación y tecnológicos, retomando un ejercicio de descripción inaugurado por teóricos como Armand Mattelart y Herbert Schiller en los años 1970. En pocas palabras, se trata de evidenciar la compleja retícula de relaciones peligrosas que unen a los diferentes actores del mundo tecno-comunicacional y político.
También sorprende al lector de “Comunicación y Poder” la cantidad de páginas que Castells dedica a las estrategias de George Bush y sus amigos neoconservadores para justificar la guerra del Golfo, de la misma manera que explica con lujo de detalles el entramado mediático que llevó a la caída de Felipe González en España. El autor para al rallenti este proceso, mapea sus actores y analiza sus movimientos en cada fase.
Escándalos, corrupciones y vídeosLa estrategia del escándalo y la corrupción, convenientemente articulada por los medios opositores al primer ministro socialista, marcó el fin de una era en España y el comienzo de la fase neoconservadora con José María Aznar a la cabeza. Cualquier parecido con los procesos de tinellización de la vida política argentina no son mera coincidencia: no será ni la primera ni la última vez que el aparato mediático se fija como objetivo la remoción de un presidente (sé que esto que acabo de escribir generará alguna polémica en Argentina, pero ya avisé que esta no es una reseña acrítica o neutral. De todas maneras, antes de polemizar conmigo les recomiendo leer el libro de Castells y despues sintonizar a Tinelli, Mirta Legrand o Susana Giménez).
Castells es exhaustivo en el análisis del proceso español, ya que comienza con el triunfo de Felipe González y termina con las movilizaciones del 13M contra la manipulación informativa del gobierno de Aznar ante el atentado de Al Quaeda. Mientras leía estos capítulos por momentos me parecía no estar leyendo a Manuel Castells sino a Noam Chomsky. Me pregunto ¿se está chomskyzando Manuel Castells? Si bien en todos sus libros se respiraba un tono crítico inspirado en los mejores valores democráticos, en esta obra Castells saca a relucir un tono casi militante que le desconocía.
No es casual que en el prólogo Castells reivindique su militancia antifranquista en las épocas de juventud. La mirada que propone “Comunicación y Poder” es radicalmente democrática, escapa a la crítica fácil y ofrece argumentos contundentes basados en la mejor y más actualizada bibliografía científica disponible (con algún olvido que ya indicamos en la Segunda partede la reseña).Más allá de las estrategias de manipulación

Pero la dinámica del sistema de comunicación no se limita al intento de manipulación de las masas por medio de la inculcación de marcos (frames). De frente a este movimiento se levantan otras voces, otras redes, otras prácticas políticas que Castells no duda en conceptualizar de insurgentes.

En el penúltimo capítulo de “Comunicación y Poder” Castells describe algunos de estos contramovimientos, desde la campaña electoral de Barack Obama hasta el movimiento antiglobalización, pasando por la movida ecologista. Resulta muy instructivo ver como una inquietud científica -el calamitoso estado del planeta- fue expandiéndose a diferentes colectivos hasta convertirse en una temática global y entrar a formar parte del marco de análisis de las nuevas generaciones.
Hoy todos sabemos qué es el calentamiento global gracias a “un movimiento polifacético cuyos principales componentes son los científicos, los famosos y los ecologistas”; estos actores han sabido construir una alianza con los medios de comunicación, ya que estos buscan atraer a las audiencias “escribiendo narraciones que aumentan la preocupación de la gente” (p. 417).
Con estos análisis de las prácticas de comunicación insurgentes Castells reequilibra la balanza después de habernos abrumado con datos sobre las estrategias de manipulación política que se llevan adelante desde el poder. Las redes pueden ser programadas para la manipulación, pero también pueden ser reprogramadas para generar movimientos de democratización y defensa del medio ambiente.
ConcluyendoEl último capítulo de “Comunicación y Poder” presenta una síntesis del planteo de Castells a modo de conclusión. Como ya dije al principio de esta reseña, tenemos entre manos un texto total, con infinidad de referencias, cuestiones y problemas que tardaríamos meses en reseñar a fondo. No tengo dudas de que el libro de Manuel Castells, al igual que su trilogía de los ’90, dará mucho que hablar en los próximos años, tanto en el ámbito de los estudios de comunicación como en el resto de las ciencias sociales.