Un estudio de caso sobre la universidad española


 

Migrando de la zona de confort. Una renuncia transparente (1)

 

If people constantly reject your ideas or what you have to offer, resign. If you are good, and right for the job, your resignation will not be accepted. You’ll be re-signed, on your terms. If they accept your resignation, you were in the wrong job, and it is better for you to move on. It takes courage, but it is the right move.” Paul Arden, Whatever you think, think the opposite.

Después de 8 años como docente e investigador en la Universitat de Vic, he renunciado en septiembre pasado. He decidido focalizarme en desafíos pedagógicos más provocadores, disruptivos y radicales como Outliers School, más mi colaboración en el proyecto Imagine.cc y algunas ideas que estamos madurando y que presentaremos en los próximos meses. Un cambio para seguir creciendo. Me propuse salir de la zona de confort y en eso estoy. En el medio de la profunda crisis de empleo de España, he renunciado a un trabajo seguro. Adopté la primera regla simple en un entorno complejo de crisis: buscarme la vida en espacios productivos donde me sienta más a gusto, en Europa, EEUU y especialmente en Iberoamérica. Mi futuro profesional me lo agradecerá. Hace años que no siento en la educación formal lo que estoy sintiendo con proyectos independientes y fuera de las instituciones como Outliers School: cambiar la vida de las personas sin pensar en evaluaciones, notas, asistencias a clase y burócratas de 9 a 6. Hace años que no me emocionaba como lo hice hace unos días con este video sobre innovación de Outliers School en Brasil, con este video de un dreamer de Imagine.CC, y con éste, y con éste (vean los videos y lo entenderán!).
 

 

 

 
Hace unos meses un colega a quién admiro me ha recomendado que el modo más eficiente de cambiar es intentar trabajar con personas que están haciendo lo que tú querrías hacer en el futuro mediato. Ser proactivo en la toma de riesgos profesionales es una precondición para luego alcanzar esas oportunidades disruptivas y geniales que estás soñando alcanzar. En el inspirador libro The start-up of you (2012), Red Hoffman y Ben Casnocha señalan “Inaction is especially risky in a changing world that demands adaptation.(…) Many people think you get career stability by minimizing all risk. But ironically, in a changing world, that`s one of the riskiest things you can do”.

Escribiré en tres artículos cuales son los motivos de una renuncia. Lo hago porque creo que pueden ser útiles como un pequeño estudio de caso en un debate público sobre la universidad española, focalizando en algunos pocos aspectos específicos. Evidentemente, la crisis de la universidad es muchísimo más profunda que lo poco que pueda señalar aquí y todo lo que pueda decir será sólo la punta del iceberg de una gran crisis de modelo.

A pesar de haber sido años muy productivos, me voy en malos términos con la institución y no estoy orgulloso por esto. Considero que el rumbo académico que está llevando el equipo de Decanato de la Facultat d’Empresa i Comunicació de la Universitat de Vic (FEC-UVic), dirigido por el Dr Antoni Soy, el Cap d’Estudis Dr Xavier Vicente y el Director del Departament de Comunicació Dr Jordi San Eugenio no es el adecuado para lo que deberían ser unos estudios de comunicación innovadores en 2012. La gestión de la FEC-UVic carece de personas expertas en la industria de la comunicación, de investigadores de primer nivel en el área y de profesionales con visibilidad internacional, y esto impide tener una visión lo suficientemente holística para diseñar los nuevos desafíos que requiere el mercado de la comunicación postdigital, en un momento de ruptura del statu quo industrial y de innovación radical en los bordes del ecosistema profesional. Se trata de un grupo de gestores focalizado en administrar la crisis, utilizando como fichas intercambiables a su variable más débil, los profesores. Las autoridades de la FEC-UVic carecen de expertise en el campo, por ende no pueden liderar este proceso. Un equipo con buena voluntad, pero sin experiencia ni un perfil adecuado y de prestigio para darle impronta y pistas a los alumnos para moverse en el mercado en tiempos de crisis al que nos enfrentamos. Todo esto afecta muchísimo el rumbo de unos estudios que deberían ser innovadores y disruptivos y han dejado de serlo hace tiempo.

Antes que nada, quisiera dedicar esta introducción a los agradecimientos, que son muchos y variados. Debo agradecer los 8 años de confianza que algunos miembros de la Universitat de Vic han depositado en mi persona, lo cual me ha permitido crecer como profesional desde la libertad de trabajo, el respeto, la emprendeduría y la motivación a realizar tareas en pos de la institución y de mi evolución académica. Pondré nombre y apellido a estos agradecimientos (perdón a los lectores de DGTL que no forman parte de la comunidad UVic, los invito a saltarse este largo párrafo). En primer lugar a Carlos Scolari y Paul Capriotti, grandes profesionales que no están hace años en la UVic pero que han sido los principales responsables de poner en marcha unos innovadores estudios de comunicación digital. Paul por haber diseñado todos los estudios en sus comienzos. Carlos por haber diseñado estudios con un marcado perfil en el campo digital, cuando poquísimos en España trabajaban en ese campo de conocimiento. Con el apoyo del equipo de rectorado 2002-2006, la UVic fue el primer (y creo que único) Departamento de Comunicación Digital que se ha creado en las universidades del Estado español. Aquí, Carlos analiza esa historia y su posterior renuncia a la UVic en 2009, con sensaciones y opiniones muy similares a lo que me ha sucedido a mí en el último año. Eramos uno de los primeros departamentos de Comunicación Digital de universidades iberoamericanas, allí por 2004, cuando nuestra ilusión nos hacía pensar que desde una facultad pequeña se podía trabajar mejor en crear nichos de conocimiento que fueran líderes y que tuvieran visibilidad internacional. Fue un gran desafío, abortado por múltiples decisiones inadecuadas de gestión académica de los últimos años.

También debo agradecer a otros colegas de gestión y profesores de los que he aprendido y he compartido grandes momentos como Mon Rodriguez, Héctor Navarro Güere, Santi Mateos, Santi Ponce, Marc Vaillo, Efraín Foglia, Rafael Madariaga, Raúl Martínez, Jordi Serrat, Joan Carles Martori, Jordi Solé-Casals y Marta Otero, entre otros. También agradecer a mis ex-alumnos. En 8 años he tenido más de 1000 alumnos. Mencionaré sólo algunos que recuerdo como excelentes alumnos y de quienes he aprendido más de lo que les pude haber enseñado. Con algunos he mantenido y mantengo contacto profesional como Xavier Docampo, Alex Perez, Bernat Bauzà, Elena Lloancy, Rubén Ginestós, Lara López, David Fontanet, Jaume Masarnau, Daniel Freixas o Nuria Ishii Balagueró. Otros excelentes alumnos (que sin duda son y serán buenos profesionales) han sido Joan Teixidó, Judit Abellí, David Vega, Marc Espinasa, Sergi Suelves, Violeta García, Lara López, Vicky Walker, Marta Mesquida, Sak Ramos, Guillem Santapau, Mireia Hurtado, David Avila, Laura Barreda, Helena Solà, Cristina Ibarz, Marta Fabrés, Elisenda Palou. Aina Bonnín, Jaume Gual, Carmen Cespón, Ona Camacho, Damaris Moya, Gorka Llort, Oriol Bèdia, Raúl Fernández, Raúl Aguilar, Damià Badía Teixido, Anna Estol, Ariadna González, Montse Guiu, Dídac Fernández, Elisabet Fonts, Miquel Segarra, Arnau Costa, y me olvido de decenas de alumnos que con su generosidad y cabeza abierta me han dado fuerza para enseñar y aprender con ellos. Sinceramente, gracias!

Desde mi ingreso a la institución, en septiembre de 2004, me he sentido apoyado por diferentes equipos directivos de la FEC-UVic, lo cual me ha permitido crecer dentro de la Facultad y desempeñar mi carrera. Es un hito que debo agradecer públicamente el apoyo inicial institucional del ex-Gerente de la UVic Josep Maria Clotas, para la creación de la primera spin-off de la UVic en muchos años, Funky Mobile Ideas SL (CampusMovil.net), a partir de un proyecto de I+D + i generado en mi primera estadía en 2007 como Visiting Professor del HCI Group de Stanford University. Pero como decía antes, este cierre de balance me invita a una reflexión que haré en dos entregas más focalizadas en un cierto tipo de gestores que están haceiendo mucho daño a la universidad española, así como en mi percepción de lo que debería ser una relación ideal entre docentes y alumnos. Lo escribo sin la voluntad de ofender a nadie, sino con la vocación de compartir un debate de ideas honesto, abierto y transparente que permita fortalecer el espíritu crítico que toda universidad debería tener, más no sea para corregir errores en pos de su propia supervivencia.

 

 
Cuando los burócratas controlan el proceso pedagógico. Una renuncia transparente (2)
 

Cuando los exámenes y la “minuciosa” planificación son el centro del proceso educativo, todo el aprendizaje se desvirtúa y los burócratas controlan el día a día académico por sobre los profesores. Eso es lo que está pasando hace tiempo en muchas instituciones educativas. En La corrosión de la Universidad, el excelente artículo de Joan B. Culla sobre la universidad española en El País, el autor señala: “la burocracia tan pavorosa como paralizadora no constituye una amenaza potencial aún evitable, sino una realidad ya plenamente instalada, como un cáncer, en el organismo universitario (…) ¿en qué se ha traducido realmente la entrada en vigor del Espacio Europeo de Educación Superior? Pues, hasta donde he podido observar, en una apoteosis de la burocracia.” Estos gestores son sólo un paradigma de lo que sucede en muchísimas universidades de Iberoamérica. Equipos de dirección responsables de proteger las “normas” de la institución. Poco capaces de conectar a los recursos humanos con las tareas adecuadas para su perfil, su visión del mundo se vuelve corporativa en detrimento del trabajo de los profesores, que para ellos son recursos humanos que hay que controlar y organizar, para evitar su propensión a “escaquearse”. Estos gestores prefieren equipos homogéneos porque alcanzan soluciones más rápidamente y sin fricción. Pero este tipo de equipos no contribuyen al pensamiento creativo y a diseñar mejores soluciones a largo plazo, ya que todos se presentan con el mismo mind-set. “What is prerequisite to be creative is an environment -social but also spatial- in which people know they can experiment, take risks, and explore the full range of their faculties” analiza el líder de IDEO Tim Brown.

En ese sentido, recomiendo leer el trabajo de Stanley Aronowitz, The Knowledge Factory (2000). Aronowitz señala que en los últimos 30 años, la administración se ha vuelto una carrera diferente en la vida académica. Las consecuencias de esto son que los gestores tienden a perder pulso con los educadores y se olvidan de lo más importante, las estrategias pedagógicas. El problema para los burócratas universitarios es que los tiempos están cambiando, The Empowered Employee is Coming! Los consultores de Deloitte John Hagel, Suketu Gandhi y Giovanni Rodriguez escriben un provocador artículo al respecto en Forbes. Estos expertos en RRHH describen que si eres un líder empresarial o un gestor, debes aprender a diseñar una infraestructura apta para empoderar a los recursos humanos de tu empresa en forma horizontal. No sólo es un gap en comprensión del nuevo mercado laboral, sino en la preparación para gestionarlo promoviendo lo mejor de cada uno de los miembros de la institución. “Rather than striving to squeeze people into their assigned roles and tasks, it means addressing how the enterprise will need to change in order to help people develop more rapidly and achieve ever higher levels of performance. That’s a powerful combination – people and performance – and it’s the foundation of the postdigital enterprise” escriben Hagel, Gandhi y Rodriguez. “Puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad” decía la filósofa ruso-americana Ayn Rand. Esto es lo que está pasando en la universidad hoy día. En estos tiempos postdigitales, la era del control ha muerto. No sé es más productivo y más útil a una institución por estar sentado más horas en un despacho. La mayoría de industrias se han convertido en un mix de trabajo en el espacio físico más el trabajo en red. Los profesores de una universidad trabajan todo el tiempo para su institución, en cada cosa que hacen y producen en red, llevan el prestigio o desprestigio de la casa. “Many companies have reacted to the trend by dictating what can and cannot be used in the workplace (on the assumption that the “workplace” today can even be defined in our bi-modal virtual/physical world)” reflexionan desde Forbes.

Con respecto a la relación profesor/alumno, vale decir que enseñar no es enseñar en un aula. El proceso es mucho más complejo y abarca todo tipo de interacciones informales, en línea y hasta en espacios físicos fuera de la universidad. Invitar a tomar un café a un alumno puede ser mucho más valioso que dos horas de clases tradicionales. Una de las cosas que más me fascinan de las universidades de élite americanas es la enorme cantidad de eventos informales que se diseñan más allá del aula para continuar la formación de sus estudiantes. Montar un partido de frisbee un sábado por la mañana en el campus y luego comer una barbacoa con cervezas son la perfecta excusa para realizar tutorías, sesiones de brainstorming, gamestorming y otro tipo de instancias pedagógicas muy valiosas. En los últimos años, cada vez que he intentado llevar esto que siempre hacíamos en Stanford U a mi universidad española, he chocado con la percepción de alguna de las autoridades (y paradójicamente algunos alumnos) de que “eso” no es educación. El burócrata te quiere ver siempre en el aula. Su visión industrial le impide comprender que cualquier espacio informal ES un aula. Por esto, la arquitectura del diseño educativo también es una variable que debe cambiar. Stewart Brand trabaja el concepto de The Low Road, un análisis de los edificios provisionales donde las personas están más motivadas para cambiar el escenario y hacer modificaciones a las estructura edilicias preconcebidas. El ejemplo más evidente es lo que ha sucedido durante décadas en el mítico provisional y low cost Building 20 del MIT donde lo temporal era permanente y lo permanente temporal. Edificios y proyectos Low Road son especiales para empoderar a las personas. Una innovación efectiva empieza desde un prototipo en entornos informales de aprendizaje basados en la resolución de problemas. Imagine.CC y Outliers School son, por definición, contrucciones Low Road.

 

La legitimidad de los educadores está distribuida en red, y no en las instituciones.
 

Education is one of the institutions most deserving of disruption, and with the greatest opportunities to come of it (…) a new educational landscape where universities teach an abundance of knowledge to those who want it rather than manage a scarcity of seats in a class.” Jeff Jarvis (2009)

En los espacios de aprendizaje más innovadores, la autoridad no esta dada por las jerarquías oficiales, sino que esta distribuida en la red y legitimada por la propia comunidad de aprendizaje. Tu valor está dado por tu nivel de sindicación, el reconocimiento de los colegas y de la comunidad. Vivimos en tiempos de Peer to Peer University., Coursera y Udacity. Si te dedicas a la educación, Googleate (especialmente en Google Scholar) y preocupate si no te encuentras. Somos las redes que construimos, y en estos tiempos posdigitales, gran parte de las redes profesionales son virtuales. En la sociedad red, moverse a un aula física todos los días durante 6 u 8 horas está perdiendo sentido, es costoso y antiecológico. En tiempos de universidad agregada, los estudiantes toman cursos desde cualquier lugar y con tutores ubicados en cualquier lugar, desde ya en el aula, pero no sólo en el aula. Además, aprender con tutores ubicados en diferentes smartspots del mundo y con experiencias variadas, ataca la típica endogamia del sistema universitario tradicional iberoamericano (ver artículo con cifras de endogamia en España) donde la mayoría de educadores y alumnos provienen de un mismo entorno, hablan el mismo idioma y tienen similares ideas y tradiciones, algo que -por legítima supervivencia de los locales- sucede cada vez más en las instituciones universitarias españolas. Las empresas que no atraigan expertos que aporten valor diferencial a través de su prestigio, marca personal e ideas disruptivas están destinadas a desaparecer por escaso valor. ¿Quieres pertenecer a una institución LEGO? Entonces considerate una pieza reemplazable, un commodity al servicio de los intereses del burócrata de turno.

La profunda transformación del ecosistema educativo requiere un equipo preparado en base a nuevas formas de gestionar los procesos de aprendizaje. Se necesitan diseñadores educativos con perfil internacional, no burócratas que basan su estrategia en controlar a sus pares. La crisis de la educación se basa en un problema de diseño. Vivimos una burbuja de oferta educativa formal con la consiguiente pérdida de valor de los títulos académicos. Es oportuno hablar de un aprendizaje just in time y no de un recopilatorio de grados y títulos. La gran disrupción de la educación es organizativa, no tecnológica. Se necesita un cambio de mentalidad y organización de los procesos, con el soporte de los nuevos instrumentos tecnológicos. Fácil decirlo, difícil hacerlo. Nosotros lo hemos implementado tanto en Imagine.cc, como en Outliers School y en otros proyectos que estamos diseñando. Para D. Gray, S. Brown y J. Macanufo, autores de Gamestorming (2012) “los retos industriales actuales no son estándares. El trabajo actual debe estar dirigido a menudo hacia lo desconocido, la incertidumbre y los espacios de reto ambiguos, y la capacidad de crear y descubrir es más importante que ajustarse al molde de lo estándar.” Si las más innovadoras experiencias profesionales que valoramos se rigen por el ensayo/error, el learning by doing y por el trabajo en beta, ¿por qué la educación formal es tan rígida, esquematizada, está basada en el libro de texto y en el control/examen y no fomenta el pensamiento fuera de la caja? Quizás porque, si así fuera, muchas instituciones perderían el monopolio de la acreditación de títulos y probablemente su razón de ser.

Hace poco tiempo leía a George Lois decir en una entrevista a Esquire “El verdadero riesgo consiste en hacer lo mismo que todo el mundo. Si haces lo mismo que todos, nadie se fijará en ti“. Una facultad pequeña como la FEC-UVic debería trabajar en la diferenciación, nichos de áreas de conocimiento que no ofrezcan otras universidades más grandes. Vivimos el fin de la escasez universitaria. Si las facultades no ofrecen un valor diferencial, dependerán exclusivamente del apoyo político para financiarse, y eso, en los tiempos que corren, no garantiza la continuidad de un proyecto académico. Las marcas blancas son las que peor lo llevarán. O eres grande y prestigioso por historia y presente, o eres pequeño y muy innovador. Si te quedas a mitad de camino, tienes -por falta de valor diferencial- todas las de perder.

 

El desprecio a la libertad de cátedra.

Una de las cosas que más preocupa de algunos burócratas gestores universitarios es el menosprecio a la libertad de cátedra. La libertad de cátedra es un valor irrenunciable y tiene sus orígenes en Iberoamérica en la Reforma Universitaria de 1918, hace ya casi 100 años. Se trata de uno de los principales valores identitarios de la Universidad, aunque no muy conocido ni respetado. En un excelente trabajo sobre el tema, “Libertad de Cátedra y organización sobre la docencia en el ámbito universitario.”, publicado en la Revista Española de Derecho Constitucional (núm. 84, septiembre-diciembre, 2008), el jurista español Carlos Vidal Pardo analiza el choque entre los departamentos y los profesores, con un caso específico sucedido en la Universidad de Sevilla y con sentencia de octubre de 1990 del Tribunal Supremo. En dicha sentencia se afirma: “El Departamento es una instancia coordinadora (…), nunca un órgano que pueda imponer a los docentes que agrupa un determinado programa en cualquiera de las disciplinas académicas de su respectiva área de conocimiento o que pueda negarles el derecho a seleccionar su propio programa” Vidal Pardo menciona que “en el recurso que dio origen a esta sentencia se sostenía que la libertad de cátedra tiene dos implicaciones: a) el derecho a elaborar los programas a impartir y b) el derecho a elaborar los programas o temarios a exigir. Según esta argumentación, no se podría excluir del ámbito de la libertad de cátedra la segunda posibilidad y entregársela a la labor de los departamentos. Se trataba por tanto de delimitar hasta donde puede llegar el Departamento cuando organiza la docencia.” La libertad de cátedra es un derecho de los profesores que los habilita a organizar la docencia de la manera que consideren más oportuno. La única norma que tienen que respetar es la Constitución y las leyes, y evidentemente no al jefe de Departamento ni al Jefe de Estudios.

Hasta aquí lo conceptual. Lo anecdótico justifica la argumentación anterior. Cada año hay alumnos que aprueban y otros que suspenden. Pero este año me ha sucedido algo que nunca había vivido anteriormente. La totalidad de un grupo de 13 alumnos suspendidos no asistieron a la evaluación final y presentaron conjuntamente un recurso a la facultad. Sin ser expertos en mi área de conocimiento, sin siquiera consultarme y sin darme ningún tipo de argumentos sobre su posterior decisión, el Cap d’Estudis de la Facultat d’Empresa i Comunicació de la UVic, Dr Xavier Vicente; el Coordinador de los Estudios de Publicidad y RRPP, Carles Grau, y el Director del Departament de Comunicació Dr Jordi San Eugenio, decidieron aprobar a esos alumnos que yo previamente había suspendido. Por un lado se desautoriza la decisión de evaluación y por otro re-evalúan profesionales que desconocen el campo de conocimiento. Sucede habitualmente, especialmente en algunas universidades privadas. Se pretende imponer al profesor una decisión de evaluación que viola el proceso de evaluación que el mismo ha designado para la asignatura y por ende, atenta contra la Libertad de Cátedra, uno de los derechos fundamentales de la estructura universitaria.

 

 

Estudiantes con resaca de educación formal. Una renuncia transparente (3)

 

El ciclo 2011/2012 ha sido un gran año profesional, pero uno de lo más difíciles como profesor universitario. La principal motivación de mi tarea docente es la relación con los alumnos y en el período que ha finalizado en julio pasado he tenido algunos problemas que me invitan a tomar distancia desde espacios informales, donde el cambio positivo de las personas es la principal retribución, como demuestra esta reflexión del dreamer Juan Blas Barbed. Ya había escrito sobre mi relación con un grupo de estudiantes en un artículo anterior, en el medio del ciclo de clases y con la aspiración de mejorar la interacción, pero no ha sido posible. No se debe generalizar sobre la motivación de los estudiantes universitarios. En más de una década de docencia en tres instituciones y países; más talleres, seminarios, postgrados u otro tipo de docencia en una decena de países, he vivido grandes experiencias y he recibido muchísimo afecto. Otros colegas también me describen estudiantes de un gran nivel y una gran ética del esfuerzo, vocación de aprendizaje y emprendedora. “Todos estos años me han enseñado que siempre hay algo nuevo por aprender. Muchas veces te lo enseña el alumno más joven y con menos experiencia de la cocina” le he leído decir al cocinero italiano Massimo Bottura.

Tampoco se trata de responsabilizar a los estudiantes de las dificultades a las que nos enfrentamos los docentes. Mis experiencias fallidas son un pequeño fracaso personal del que debo aprender. No he podido conseguir ni intelectualmente ni a nivel inspiracional lo que esperaba de un grupo de estudiantes específico. Sin embargo, este pequeño estudio de caso me sirve para describir la tipología de un acotado sector de estudiantes universitarios en Iberoamérica, sin lugar a dudas los que más problemas tendrán para ingresar al mercado laboral al finalizar sus estudios. En una reciente entrevista en La Nación al antropólogo francés Marc Augé señalaba que “los jóvenes temen no conseguir un trabajo para sobrevivir, son incapaces de proyectarse. (…) Hoy el hombre vive mucho más tiempo, pero comienza a vivir más tarde. Tomemos el ejemplo de la Revolución Francesa: fue hecha por gente que apenas tenía 20 años; jóvenes que cambiaron el curso de la historia.” Con 20 años puedes cambiar el mundo y es algo mucho más interesante para construir un perfil profesional que focalizarte en superar exámenes en la universidad. Pero la educación formal ha hecho un gran daño en este perfil de alumnos, que están convencidos que ir a la universidad es “ir a aprobar” y “pasar de año”. Nada más equivocado. La mejor experiencia académica es la de compartir ideas entre docentes y alumnos y entre los propios estudiantes, cuestionar la autoridad del docente, descubrir, pensar y hacer en los bordes de la disciplina y creando espacios informales de interaccción más allá del aula, diseñar redes profesionales y ganar en visibilidad. Contribuir a formar aprendices profundos que estén en condiciones de aprender a juzgar la calidad de su propio trabajo, si no lo hacen es que no han aprendido. La fórmula para jóvenes, según William H. Stone, es: disciplina, enfoque, pasión y autoconfianza.

Soy un convencido que las universidades deben innovar sus estrategias de enseñanza, su diseño curricular y hasta el diseño físico de los espacios, para facilitar un nuevo tipo de interrelación con los alumnos que privilegie la pertenencia, potenciando el trabajo en equipo, la autoformación y la formación continua. A propósito del lanzamiento de la Outliers School Educación, junto a Carlos Scolari y Cristóbal Cobo hemos escrito un largo artículo reflexionando sobre el tema. En tiempos de inflación de credenciales académicas, debería haber más aprendizaje just in time y no just in case. En ese sentido, muchos estudiantes deben cambiar su actitud y mentalidad. Transformar la cultura de la queja en ética del esfuerzo. Existen alumnos que viven su proceso universitario como una estrategia de supervivencia bajo el mínimo esfuerzo. Otros alumnos, sin embargo, basan su experiencia en el deseo de autoconstruirse y de emprender, más allá de las evaluaciones rutinarias. Estos últimos son con quienes luego los profesores construimos redes profesionales basadas en el respeto entre colegas. Como analiza Blum (2009), algunos estudiantes arrastran como un enorme peso el proceso de la evaluación y pierden de vista el objetivo de aprender en base al ensayo y error. Así, su principal meta es aprobar, y limitan al mínimo la interacción real y extracurricular con los profesores en pos de ese objetivo. Creo que aquí radica el principal problema en nuestra experiencia académica.
El error de tomar la evaluación como el centro del proceso educativo.

Ya lo he mencionado en mi anterior artículo Cuando los burócratas controlan el proceso pedagógico. Considero que el futuro de la educación de calidad será a medida y la evaluación será irrelevante o directamente nula. User-based education. Recomiendo leer la investigación The future of higher education, realizada en 2012 por Pew Internet. Muchas veces, enseñar es compartir un sistema de creencias basado en la experiencia profesional y académica del profesor. La enseñanza contribuye a formar o modificar un sistema de creencias dado. Y en esa pedagogía no tiene porque haber evaluación con exámenes. En ese sentido, mi filosofía de trabajo no ha sido nunca obligar a los alumnos a asistir a clase, sino potenciar su propia motivación para compartir ideas y diseñar soluciones en grupo. Lo he logrado con mayor o menos suerte, a veces por limitaciones personales. Pero lo más cuestionable es que este tipo de alumnos que van a clase sólo cuando deben exponer ellos y se ausentan cuando trabajan sus compañeros son a veces la norma de algunos grupos de trabajo. Y si los alumnos no se respetan entre sí, al docente le queda una tarea aún más difícil para realizar en el grupo. Las tareas diseñadas en clase no son para el profesor, sino para compartir y aprender entre pares. El aprendizaje es compartido o no es, wikiaprendizaje diría mi colega Luis David Tobón. Mi consejo para estos estudiantes universitarios que sólo piensan en aprobar es que en la empresa que sueñas trabajar te pedirán mucho más que un 7 de nota de evaluación.

Proyectos como nuestro Imagine.CC, Singularity University y Stanford d-School, son las pautas de vanguardia de lo que será el futuro de la educación. Se constituyen como programas autónomos, sin títulos, sólo con eje en experiencias radicales de aprendizaje. Y resulta infinitamente mejor. Les recomiendo leer este artículo de Gregory Ferenstein en Tech Crunch, que comienza diciendo: “Lectures are often the least educational aspect of college; I know, I’ve taught college seniors and witnessed how little students learn during their four years in higher education.” En el caso de Imagine, me hace mucho orgullo formar parte de toda esta movida por segundo año consecutivo y en sus tres ediciones. En nuestro blog institucional, emocionan las palabras de Elena Ortíz, una de nuestras dreamers: “Me gusta trabajar sin mirar el reloj. Me gusta ser dreamer para el resto de mi vida. Me gusta que los 12 seamos tan iguales y tan distintos. Me gusta sentirme capaz de todo cuando estamos juntos. Me gusta volver a España con alas anti crisis. Me gusta saber que el staff es tan dreamer como cualquier dreamer. Me gusta soñar 25h al día. Me gusta cómo fui pero más cómo volví. Me gustaría que España pensara en amarillo” (nota de este autor: el amarillo es el color corporativo de Imagine.CC). Cuando veo la energía que ponen profesionales de años de carrera o jóvenes ya exitosos con voluntad de comerse a sí mismos para estar en nuestro programa Imagine, tiemblo por el futuro de alguno de mis ex-estudiantes quejosos por hacer 100 tweets para una tarea de la asignatura. A eso vamos en el último punto.


La agotadora tarea de hacer 100 tweets. La carencia de motivación intrínseca.

People will be most creative when they feel motivated primarily by the interest, satisfaction, and challenge of the work itself, and not by external pressures” How to kill creativity, Teresa Amabile (1998).

En el inspiracional libro Lo que hacen los mejores profesores universitarios (2007), Ken Bain focaliza en dos conceptos claves sobre la experiencia de aprendizaje: conocimiento construido (no recibido); y cambio de modelos mentales. Los estudiantes se sienten cómodos con sus modelos mentales anteriores, debemos ayudarles a construir nuevos modelos mentales; aprendizaje basado en preguntas más que respuestas, las preguntas son cruciales porque “un proceso de indexación mejor produce una mayor flexibilidad, un recuerdo más fácil y una comprensión más rica“. Bain señala que los motivadores extrínsecos dañan el interés real. Cuando las personas creen que están al mando de la decisión de aprender, disfrutan más. Bain también analiza categorías de alumnos: aprendices profundos (sabedores conectados, pensadores independientes, críticos y creativos); aprendices estratégicos (aquellos que se centran en que les vaya bien en la universidad, sin desarrollar una comprensión en profundidad); aprendices superficiales (evitan meterse en líos y no equivocarse. Recurren a la memorización y sólo intentan reproducir lo que han oído). A partir de su práctica cotidiana en la universidad, cada uno sabría donde ubicarse.

La motivación intrínseca es la base de toda experiencia educativa eficiente. Si quieres generar ideas y convertirte en un nodo profesional y no sólo en un consumidor de ideas ajenas, debes automotivarse por el desafío del conocimiento, “the enjoyment of seeing and searching” decía Albert Einstein. Las organizaciones inteligentes construyen entornos de personas con expertise, pensamiento creativo y un gran nivel de motivación intrínseca. Ese es el rol de los buenos managers, de los buenos profesores y es la tarea diaria de los buenos alumnos. Y no se necesitan exámenes para que dicha motivación exista. En muchos alumnos universitarios, percibo ausencia de ética del esfuerzo. En el mundo laboral que se viene, la estabilidad dejará de ser la variable central. La vida profesional de quienes hoy tienen 20 años y están estudiando en la universidad requerirá tomar altos riesgos y desafíos. La educación ha dejado de ser un proceso secuencial, y es de por vida y cuando nos resulta más útil, just in time. El cambio permanente y transformación de las industrias, y la constante ruptura del status quo nos obligará a ser disruptivos, como si trabajáramos en un Silicon Valley global, construyendo una startup de nosotros mismos, como analizo en este artículo de julio de 2012. Gratton (2012) menciona dos cambios en el paradigma pedagógico que deberían saber todos los universitarios: 1) el desarrollo del capital intelectual. Del conocimiento superficial al focalizado e interdisciplinario. La wikipedia cambio todo. Necesitamos profundidad, no cortar y pegar. Tener un punto de vista único y diferente, ideas propias sobre un tema; 2) el capital social. Lazos sociales profesionales fuertes y débiles, especialmente los segundos. Buenos enlaces y visibilidad, en base a una estrategia coherente y permanente de autopromoción, aportando valor a la comunidad.

Vamos a lo anecdótico para comprender lo general. La anécdota es que hace ya 3 años que promuevo en clase- entre muchas otras tareas- el uso de Twitter para los alumnos de comunicación. El concepto pedagógico es diseñar una conversación entre todos que permita expandir las ideas alrededor de los temas de la asignatura, denominada Fundamentos de Comunicación Digital, con eje en la economía digital. Considero que un estudiante de Publicidad y RRPP debería utilizar las redes sociales como herramienta central de visibilidad profesional, y no como plataforma de comunicación privada. 100 tweets me parecen una cantidad mínima de inputs para realizar en tres meses de clases. Si fueron 500 tampoco pasaría nada. La idea es generar un flujo público y abierto sobre los temas tratados en la asignatura, con el objetivo de amplificar la conversación y los enlaces relevantes a la temática expuesta, en el momento que la temática precisamente estaba siendo expuesta. El objetivo era doble: a) que los alumnos aprendieran a utilizar Twitter en forma profesional, como estudiantes de comunicación que son, b) que la conversación pública que se generara en la Red resultara útil para ampliar los conocimientos sobre la temática que se estaba tratando en la asignatura. La tarea no era sólo twittear en general, sino leyendo y compartiendo lecturas imprescindibles sobre comunicación digital, fuentes variadas y utilización de enlaces útiles. Escribir en forma periódica y con un ritmo adecuado sobre temas relevantes y de valor añadido sobre comunicación digital interactiva utilizando fuentes de alto valor añadido como Wired Magazine, Fast Company, FastCoDesign, TechCrunch, TED Conferences, TEDX, Oxford Internet Institute, Pew Internet, Technology Review, el excelente blog de tecnología de The New York Times, Ciberpaís de El País y las plataformas de otros colegas que escriben desde EEUU, Europa e Iberoamérica.

Hoy es Twitter, pero puede ser cualquer otra plataforma de visibilidad profesional. Mi vocación es que los alumnos se conviertan en early adopters de tendencias digitales y postdigitales y no que terminen utilizando las plataformas y teniendo conversaciones profesionales como late majority. Si eres un profesional de la comunicación en estos tiempos postdigitales es vital crear una marca personal de confianza y cuidar de ella. La visibilidad es recursiva y es un gran círculo. Lo bueno que tu eres depende de quienes te enlazan y quienes te enlazan determinan lo bueno que tu eres. Google tradujo esta idea a las matemáticas y la expresó con un eficiente algoritmo. El 50% de la energía y el tiempo que muchos estudiantes dedican en Facebook a conversaciones banales podrían dedicarlo a posicionarse profesionalmente. Pero sin embargo me he encontrado con estudiantes de publicidad y RRPP que no saben gestionar su marca en la Red siendo wikileakers de sus propias vidas. Mal asunto. Si no saben gestionar su propia marca, ¿cómo podrán gestionar la marca de terceros? En un mundo donde miles de personas -o quizás más- tienen las mismas capacidades que ellos para realizar una tarea y compiten en el mismo mercado global, la diferenciación es un gran valor añadido. Pero si se quejan por tener que publicar 100 tweets en 3 meses, ¿qué les espera? En agosto de 2012, Rachel Botsman escribió un excelente artículo en Wired UK, Welcome to the New Reputación Economy. Allí se analiza a fondo la economía de la reputación, donde las tarjetas de presentación fueron reemplazadas por un perfil distribuido en la red y legitimado por la comunidad. Cómo nos comportamos en red es la referencia vital de la confianza de los lazos sociales débiles de nuestra comunidad. “An aggregated online reputation having a real-world value holds enormous potential” afirma Botsman.


Una breve reflexión final.

Con este artículo finalizo la trilogía de artículos sobre mi experiencia como investigador y profesor en la Facultat d’Empresa i Comunicació de la UVic. Que esta extensa reflexión sirva para compartir cosas que quienes estamos dentro de la educación, consideramos está pasando en el ecosistema de la educación superior, en plena crisis de formatos y de diseño de metodologías. Cuando los burócratas controlan los procesos, los profesores tenemos escasísimo margen de maniobra. Y así se recrea un sistema decadente, de supervivencia, nulo en innovación, y que promueve estrategias externas de desintermediación más seductores y valiosas a nivel pedagógico, en búsqueda del aura que la universidad ha perdido. Vivir en LAB: testear el mundo, descubrir el sentido y generar valor. A las nuevas ideas no le gustan ser dirigidas, ni quieren pasar control de fronteras ni formar parte de reuniones de gerentes. Por último, deja de creer que tu carrera universitaria será garantía de algo. Debes encontrar un nuevo territorio en el que jueguen tú y algunos pocos más, construir tu identidad profesional con una estrategia constante de romper reglas. Keep learning and never give up.

 

(Imagen 1 de portada: Memos!, por mutbka, en Flickr)

(Imagen: MoMA 017, Por yanec, en Flickr)