Crítica de la práctica científica, según Bourdieu


 

Analizaré el excelente ensayo de Pierre Bourdieu sobre la práctica cotidiana de la ciencia y el comportamiento de la comunidad científica a la hora de decidir sus acciones y publicar sus trabajos. El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad (2003, Anagrama) es el último curso de Bourdieu en el Collège de France, ofrecido en 2001, y también el último libro publicado en vida del sociólogo francés. Aquí una excelente reseña sobre el libro de Claudio Alfaraz en la Revista Iberoamericana sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad.

El curso, convertido en libro, se me hace imprescindible para estudiantes de Doctorado y se propone des-idealizar las rutinas de la comunidad científica, para que se comprendan mejor “los mecanismos sociales que orientan la práctica científica y convertir (a los investigadores) en dueños y señores no sólo de la naturaleza de su práctica sino también del mundo social en el que se produce”. Ese aprendizaje es muy valioso para investigadores jóvenes porque, según Bourdieu, los científicos no politizados y sin visión empresarial corren el riesgo de quedar marginados delante de las grandes maquinarias científicas promovidas por empresas o instituciones públicas. En las ciencias sociales ese riesgo es menor que en las ciencias duras, dado el carácter menos comercial de sus investigaciones. Aunque los sociólogos (los cientistas en comunicación y educación entraríamos en esa categoría) se convierten en gran excepción a la regla, dada su influencia en la construcción de las políticas del aparato del Estado.

En detrimento de la caja de cristal en que muchas veces se autoposicionan los científicos, Bourdieu se pregunta “cómo es posible que una actividad histórica como la ciencia produzca unas verdades transhistóricas, independientes de cualquier vínculo espacio/tiempo y, además, válidas universalmente“. En realidad, se trata de un microcosmos social similar a otros como el de la cultura, los medios, etc; sin mayores derechos que la legitimación de tus pares (no eres lo que tu crees que eres, sino lo que validen tus pares). Es evidente que las condiciones históricas determinan el hecho científico. Si bien esto está claro en áreas como la historia, por ejemplo, no es tan transparente en las ciencias duras. Como reflexiono en la introducción de mi libro Geekonomía. Un radar para producir en el postdigitalismo (2010): ¿qué sería de las computer sciences o ciertas ingenierías si aún tuviéramos menos de una centena de costosas, exclusivas y elitistas computadoras mainframe en los laboratorios del mundo?

El texto de Pierre Bourdieu es muy rico y útil para comprender nuestro trabajo como investigadores. Para Bourdieu “eso que llamamos epistemología está constantemente amenazado de no ser más que una forma de discurso justificativo de la ciencia”. Además, lo que venimos diciendo hace tiempo es que en las ciencias sociales existe un pobre rigor en los argumentos expuestos para justificar conclusiones “científicas”, y la mayoría de veces se cae en el ensayo divulgativo, muy valioso, pero diferente. Me recuerda a los textos de Tapscott y Prensky sobre los nativos digitales, que ya he cuestionado en Geekonomía, presentados como ciencia social, cuando sólo son ensayos con una débil o nula metodología de investigación. Bourdieu afirma que “muchos se (nos) doblegan (mos) a las estrategias retóricas comunes que se imponen en el paso de los apuntes privados de laboratorio a las publicaciones”. A mi entender y como excepción y paradigma, Manuel Castells es el mejor ejemplo de cientificidad social y rigor en sus textos. Uno de los esos autores que trabajan “ensayos científicos”, por etiquetar un subconjunto narrativo más atinado al ensayo divulgativo. Quisiera centrar el análisis del trabajo en lo que considero seis ejes de su exposición.

 

 

1. Se ignora el efecto de la serendipia, o mejor dicho, no se menciona en las investigaciones.

Para Bourdieu “los aspectos más creativos de la investigación desaparecen (de los papers) y da la impresión de que la imaginación, la pasión y el arte no han desempeñado ningún papel y que la innovación no procede de la actividad pasional sino de la sumisión pasiva a los preceptos estériles del método científico.” En ese sentido, Bourdieu da un divertido ejemplo de cómo se dice lo que no se quiere decir. Por ejemplo: para decir que el experimento no ha funcionado, pero igualmente se aprovechará para una publicación, se dice: “todavía no es posible ofrecer respuestas definitivas a esas preguntas”.

 
2. La necesidad de hacer siempre algo nuevo y escapar del gueto.

Si bien es productivo “escapar a veces al gueto al que se exponen los investigadores encerrados en sus especialidades estrictas” y frecuentar ámbitos transdisciplinarios, los investigadores jóvenes se enfrentan casi por definición a los más veteranos, y en muchos casos se sienten en el derecho de cuestionar su trabajo, sin tener la experiencia que les permita hacerlo con propiedad. Bourdieu plantea la oposición nuevo/viejo como uno de los principales problemas de las ciencias sociales, dada la necesidad de diferenciación a cualquier precio que “estimula en forma artificial las diferencias e impide o retrasa la acumulación inicial en un paradigma común-siempre se parte de cero- y la institución de modelos sólidos y estables”. Como consecuencia de ello, “todos aquellos que tenían un capital vinculado a la antigua manera de hacer la ciencia viven una bancarrota simbólica y su trabajo es remitido a un pasado superado y arcaico”.

 
3. Los intereses endogámicos y el frágil consenso.

Vale decir que el campo científico no es el paraíso del conocimiento, ni un espacio donde sólo se valoran las lógicas de poder. Ambos mundos conviven para bien y para mal, aunque la meritocracia funciona en forma más eficiente en los entornos anglosajones y es muy débil en Iberoamérica. En ese sentido, “lo internacional es un recurso contra los poderes temporales nacionales, sobre todo en campos débiles”. Es cierto que cuando los científicos sociales no podemos atravesar el gueto local, siempre tenemos la alternativa de escapar hacia lo internacional y buscar otros interlocutores que desconocen o ignoran ese gueto. En España, por ejemplo, es muy habitual que cuando los poderosos investigadores locales tienen visibilidad local, pero no compiten en el entorno internacional, se inventan revistas locales y las suman a los índices de indexación locales, para poder competir a la hora de la evaluaciones con mayor presencia, aunque raramente publican en revistas internacionales clase A. El reward system orienta a los más productivos hacia los caminos más productivos y a los demás a las carreras administrativas o de gestión científica. En el capítulo 2 de Geekonomía hago una breve investigación donde se observan los artículos de investigadores de universidades iberoamericanas publicados entre 2000 y 2005 en los principales 13 journals de comunicación a nivel mundial. Su porcentaje de publicación es menor al 0,8% con respecto a todos los autores que publicaron.
Además, el reward systemcontibuye al frágil consenso en el campo de conocimiento. Para Bourdieu: “mejor acompañar los errores de los referentes del campo que cuestionarlos, porque eso contribuirá a tu posicionamiento en el campo (…) cada uno desarrolla una visión adecuada a los intereses vinculados a la posición que ocupa en ella, ya que los diferentes relatos históricos están orientados en función de la posición de su autor y no pueden aspirar a la condición de verdad indiscutible”. La legitimación necesita de todos los actores del campo local, quienes escriben y sobre todo quienes validan. Por esto, si te quedas fuera del círculo de legitimidad, debes emigrar hacia otros entornos. Bourdieu señala algo que menciono en Geekonomía: el problema de este sistema de recompensas es que son los burócratas (los menos productivos originalmente hablando) quienes deciden a quien dar el dinero o a quien recompensan. El conflicto de intereses siempre está presente y no es tan transparente como se dice ni tan orgánico o igualitario.

 

4. La apertura textual como mecanismo vital de supervivencia del científico (la filosofía Science Commons).

Un científico sabe mucho de poco. Sin la inteligencia colectiva, un día sabrá todo de nada. La apertura es parte imprescindible del juego de la divulgación científica. Un investigador debe dar información de su trabajo, si quiere ser reconocido por sus pares. El silencio no otorga reconocimiento en “la economía de los intercambios simbólicos”. Para Bourdieu “la legitimidad del conocimiento depende de una presencia pública en unas fases determinadas de la producción (…) “Como los hechos científicos son construidos, comunicados y evaluados en forma de preposiciones escritas, la parte esencial del trabajo científico es una actividad literaria e interpretativa”. Una vez más, se arroja por la borda el mito del científico aislado. Habitualmente el científico trabaja en laboratorios con otros pares, es juzgado por su comunidad, expone en eventos, etc. Siempre está interactuando en medio del “superego colectivo” y entre “garantes y avalistas” (propongo leer el excelente Laboratory Life, de Latour y Woolgar. En este texto hay una cita brillante: “entre los científicos y el caos sólo existe un muro de archivos, de etiquetas, de libros, de protocolos, de figuras y de papeles”). El proceso de verificación es un proceso de negociación con los pares, o sea que de aislamiento, nada. Bourdieu afirma: “La ciencia es un aparato de construcción colectiva utilizado de modo colectivo (…) las luchas en el interior del campo de conocimiento son luchas en busca de ser o mantenerse igual”.

 

5. El rol de la burocracia de gestión de los fondos.Fuera del entorno científico, pocos saben que los científicos dedican la mayor parte del tiempo a buscar fondos y a lidiar con las burocracias y su amor por los formularios excluyentes entre sí. Sin embargo, este esfuerzo también es diferente según el espacio de poder que ocupe el investigador. Para Bourdieu: “los tiempos que los investigadores deben dedicar a las actividades orientadas hacia la búsqueda de recursos económicos, subvenciones, contratos, varía al igual que la dependencia de su actividad respecto a esos recursos (y según su jerarquía en el laboratorio). También lo menciono en Geekonomía y lo expone Bourdieu: los miembros de las instituciones encargadas de dar las ayudas no son las mejor situadas para otorgarlas “científicamente”, ya que normalmente no comprenden los conflictos científicos ni el campo a fondo.

 

6. Las dificultades complementarias de las ciencias sociales.En un fragmento importante del texto, Bourdieu hace incapié en el cuestionamiento constante de los resultados de las ciencias sociales. Kant señalaba que no tenemos acceso al conocimiento, sino a una interpretación de la realidad. Y en esa realidad mediada, los políticos muchas veces se sienten más autorizados que los sociólogos para interpetarla con mayor precisión. Según Bourdieu “a las ciencias sociales les resulta muy difícil hacer reconocer su autonomía, a un descubrimiento le cuesta imponerse en el exterior del campo e incluso dentro de él. Las ciencias sociales tienen un objeto demasiado importante (interesa a todo el mundo y en especial a los poderosos) para dejarlo mover a sus anchas y que les sea otorgado el monopolio de la producción de la verdad, como a otras ciencias”. Claro que también están las zonas grises que acercan a políticos y sociólogos. En un post anterior que analizaba un texto de Steve Fuller, decíamos que el intelectual “idiota-útil” le hace el juego al poder de turno, pero ese rol es de corto recorrido, ya que la principal carta de presentación de un intelectual es su visión escéptica, su credibilidad, su autonomía y su independencia de pensamiento. Los más prestigiosos deben aparecer como imparciales de su páramo o amarra socio-económica.

 

Bonus Track
• La educación según Pierre Bourdieu (1 y 2)