El dilema pirata

Trailer del documental Rip! A Remix Manifesto (2009), dirigido por Brett Gaylor.

 

El disparador de este post es un excelente artículo de Juan Gómez-Jurado en ALT1040. Bajo el título “La piratería no existe”, el escritor juega en forma irónica con la misconception que existe sobre el tema de la piratería entre los decisores de la cultura, políticos y opinadores de tertulia en España. El eje del texto es que “el mayor problema que existe en el mercado en español es la ausencia de flexibilidad, de ganas de crecer y de adaptarse (…) En lugar de crear modelos de negocio funcionales, nos dedicamos a blindar el status quo con leyes absurdas, e insultar a nuestros mejores clientes”. Eso es lo más grave de todo este asunto. Por falta de innovación, gran parte de la industria cultural dedica su energía y sus gastos publicitarios en criminalizar a toda una generación, tratándolos de delicuentes. Lo que le preocupa al mainstream de la industria cultural del siglo XX es perder los márgenes de ganancia obtenidos de un modelo que se sabe anacrónico e ineficiente. La inquietud de los intermediarios líderes tradicionales no responde necesariamente a los intereses de los autores a quienes dicen defender y –peor aún– no responde al interés público. Son inspiradoras las cinco propuestas de Gómez-Jurado para el crecimiento digital.

A veces me resulta muy sorprendente que personas tan directamente vinculadas a la industria cultural en España conozcan tan poco del tema. O es así, o hay una abierta mala intención para perpetuar el status quo de ganancia a través de soportes físicos, algo absurdo en una industria que ha sido radicalmente transformada por la masificación de Internet. Para empezar, les recomiendo cuatro textos imprescindibles. De todos hemos hecho mención en digitalismo:

The Pirate’s Dilemma (2008), de Matt Mason, quien analiza el dilema pirata bajo el custionamiento ¿Son un grupo al que se debe combatir o innovadores con quienes se debería competir con inteligencia aprendiendo de sus desarrollos y prácticas? La piratería es empowerment que resulta en desarrollo socioeconómico, creando nuevas empresas y modelos industriales. Mason argumenta que la cultura DIY afecta a los monopolios de facto, propiciando industrias independientes y descentralizadas con menos privilegios. Esto revaloriza la economía ya que no sólo participan las grandes corporaciones, sino actores más pequeños, como hace tiempo sucede en el negocio de la música.

Free. The future of a radical price (2009), de Chris Anderson, quien teoriza sobre que gratuidad y el pago se complementan. Según Anderson, ciertos usuarios piratean porque consideran que los precios de mercado no los decide el artista, sino el intermediario, y en general son excesivos para el valor real que, según estos consumidores, debería tener el producto. Para Anderson, esta nueva forma de gratuidad del siglo XXI se basa en la habilidad de reducir los costes a casi cero. En el mismo sentido, Juan Gómez-Jurado afirma “los norteamericanos han buscado a la perfección el “sweet spot”, ese lugar donde interseccionan las ganas del consumidor de poseer algo rápido cuanto antes sin molestarse en buscarlo por Internet y obtenerlo con mala calidad, y la resistencia a soltar la pasta. En otras palabras, un precio justo.”

Survival Strategies for Emerging Artists and Megastars, de David Byrne en Wired Magazine. El músico y productor David Byrne presenta seis modelos alternativos en el negocio de la música y cuestiona claramente el modelo tradicional de los artistas trabajando bajo la contención de una multinacional. Un libro bonus track podría ser: Lessig, Lawrence (2008). Remix. Making Art and Commerce Thrive in the Hybrid Economy.

Bajo la pregunta ¿Tiene el modelo actual de copyright fecha de caducidad? he dedicado un largo fragmento de Geekonomía a este tema. Allí mencionaba que el problema comienza con la política abusiva de las corporaciones intermediarias de medios que han desfigurado la filosofía original del copyright (defender al autor en los primeros años de sus obras, para que pueda vivir de ella) utilizando su poder económico para ejercer presión en los estamentos políticos de Estados Unidos. Un dato: antes de 1978, en EEUU toda obra era por defecto de dominio público. Pero más allá de leyes coyunturales y lobbystas de la industria disfrazados de representantes de los ciudadanos, como la Ministra de Cultura de España, la batalla está perdida de antemano, porque se les hace muy difícil controlar el enorme mercado de la distribución que significa Internet. Constantemente surgen nuevos actores que a través de tecnologías disruptivas logran transformar y posibilitar el acceso de los consumidores a una infinidad de productos culturales. Cuantas más barreras diseñan los distribuidores tradicionales, más facilidades ofrecen estos actores emergentes. En la línea de lo que estoy mencionando, Juan Gómez-Jurado señala “Tampoco es real que la piratería esté matando el cine, cuya recaudación ha crecido a buen ritmo en los últimos diez años, al igual que el resto de contenidos. También es falso que yo tenga derecho a vivir de mi obra. Lo que tengo derecho es a intentarlo.”

Para finalizar, vale señalar que no sólo son “autores” las personalidades exitosas que exponen sus libros en FNAC, salen en la MTV o reciben reseñas en The New Yorker. La falta de visibilidad de una obra es para el 90% de los autores un problema mucho mayor que la piratería. El beneficio de un cambio legal sería notable para los principales protagonistas del acto cultural de compartir conocimiento: los creadores y los usuarios. Los primeros se verían beneficiados por un sistema de distribución mucho más visible, eficiente y económico. En tanto los usuarios tendrían acceso a una mayor libertad de elección a menor coste, sin los condicionamientos de gatekeepers y distribuidores. Los principales perjudicados por una posible transformación legal del copyright son los intermediarios culturales del siglo XX, la industria que ha sido la más afectada desde la masificación de Internet en la década de 1990. En un entorno donde los costes de producir, distribuir y autopromocionarse tienden a cero, ya no existen grandes motivos para que un creador ceda a los distribuidores los derechos de su obra y la mayor parte de sus futuras ganancias.
 

Nota para consumidores: Juan Gómez-Jurado dice: “tened presente que copiar no es robar, pero también que hay alguien detrás de los productos que nos hacen felices. Hay un escritor detrás de los libros, y todo un elenco detrás de una película. Si es posible y hay una alternativa sencilla a un precio razonable, cómprala. Mientras lo permita tu economía, opta por lo original. Y por favor, no digas que una película o un libro son caros para luego bajar al bar y tomarte tres mojitos a 7 euros cada uno”. Coincido 100% con el escritor. En dos libros exitosos que he publicado en los últimos años: Planeta Web 2.0 y Geekonomía (con más de 250.000 descargas entre ambos exclusivamente de sus webs oficiales), las ganancias por ventas físicas, ventas digitales, donaciones y otros artilugios han fracasado. He ganado mucha visibilidad y eso no es trivial. Pero la verdad es que me hubiera gustado poder ganar dinero con mi esfuerzo, pero no lo he hecho. No se olviden del autor!