Estudiantes con resaca de educación formal (3)
Viene de Migrando de la zona de confort. Una renuncia transparente (1) y de Cuando los burócratas controlan el proceso pedagógico. Una renuncia transparente (2)
El ciclo 2011/2012 ha sido un gran año profesional, pero uno de lo más difíciles como profesor universitario. La principal motivación de mi tarea docente es la relación con los alumnos y en el período que ha finalizado en julio pasado he tenido algunos problemas que me invitan a tomar distancia desde espacios informales, donde el cambio positivo de las personas es la principal retribución, como demuestra esta reflexión del dreamer Juan Blas Barbed. Ya había escrito sobre mi relación con un grupo de estudiantes en un artículo anterior, en el medio del ciclo de clases y con la aspiración de mejorar la interacción, pero no ha sido posible. No se debe generalizar sobre la motivación de los estudiantes universitarios. En más de una década de docencia en tres instituciones y países; más talleres, seminarios, postgrados u otro tipo de docencia en una decena de países, he vivido grandes experiencias y he recibido muchísimo afecto. Otros colegas también me describen estudiantes de un gran nivel y una gran ética del esfuerzo, vocación de aprendizaje y emprendedora. “Todos estos años me han enseñado que siempre hay algo nuevo por aprender. Muchas veces te lo enseña el alumno más joven y con menos experiencia de la cocina” le he leído decir al cocinero italiano Massimo Bottura.
Tampoco se trata de responsabilizar a los estudiantes de las dificultades a las que nos enfrentamos los docentes. Mis experiencias fallidas son un pequeño fracaso personal del que debo aprender. No he podido conseguir ni intelectualmente ni a nivel inspiracional lo que esperaba de un grupo de estudiantes específico. Sin embargo, este pequeño estudio de caso me sirve para describir la tipología de un acotado sector de estudiantes universitarios en Iberoamérica, sin lugar a dudas los que más problemas tendrán para ingresar al mercado laboral al finalizar sus estudios. En una reciente entrevista en La Nación al antropólogo francés Marc Augé señalaba que “los jóvenes temen no conseguir un trabajo para sobrevivir, son incapaces de proyectarse. (…) Hoy el hombre vive mucho más tiempo, pero comienza a vivir más tarde. Tomemos el ejemplo de la Revolución Francesa: fue hecha por gente que apenas tenía 20 años; jóvenes que cambiaron el curso de la historia.” Con 20 años puedes cambiar el mundo y es algo mucho más interesante para construir un perfil profesional que focalizarte en superar exámenes en la universidad. Pero la educación formal ha hecho un gran daño en este perfil de alumnos, que están convencidos que ir a la universidad es “ir a aprobar” y “pasar de año”. Nada más equivocado. La mejor experiencia académica es la de compartir ideas entre docentes y alumnos y entre los propios estudiantes, cuestionar la autoridad del docente, descubrir, pensar y hacer en los bordes de la disciplina y creando espacios informales de interaccción más allá del aula, diseñar redes profesionales y ganar en visibilidad. Contribuir a formar aprendices profundos que estén en condiciones de aprender a juzgar la calidad de su propio trabajo, si no lo hacen es que no han aprendido. La fórmula para jóvenes, según William H. Stone, es: disciplina, enfoque, pasión y autoconfianza.
Soy un convencido que las universidades deben innovar sus estrategias de enseñanza, su diseño curricular y hasta el diseño físico de los espacios, para facilitar un nuevo tipo de interrelación con los alumnos que privilegie la pertenencia, potenciando el trabajo en equipo, la autoformación y la formación continua. A propósito del lanzamiento de la Outliers School Educación, junto a Carlos Scolari y Cristóbal Cobo hemos escrito un largo artículo reflexionando sobre el tema. En tiempos de inflación de credenciales académicas, debería haber más aprendizaje just in time y no just in case. En ese sentido, muchos estudiantes deben cambiar su actitud y mentalidad. Transformar la cultura de la queja en ética del esfuerzo. Existen alumnos que viven su proceso universitario como una estrategia de supervivencia bajo el mínimo esfuerzo. Otros alumnos, sin embargo, basan su experiencia en el deseo de autoconstruirse y de emprender, más allá de las evaluaciones rutinarias. Estos últimos son con quienes luego los profesores construimos redes profesionales basadas en el respeto entre colegas. Como analiza Blum (2009), algunos estudiantes arrastran como un enorme peso el proceso de la evaluación y pierden de vista el objetivo de aprender en base al ensayo y error. Así, su principal meta es aprobar, y limitan al mínimo la interacción real y extracurricular con los profesores en pos de ese objetivo. Creo que aquí radica el principal problema en nuestra experiencia académica.
El error de tomar la evaluación como el centro del proceso educativo.
Ya lo he mencionado en mi anterior artículo Cuando los burócratas controlan el proceso pedagógico. Considero que el futuro de la educación de calidad será a medida y la evaluación será irrelevante o directamente nula. User-based education. Recomiendo leer la investigación The future of higher education, realizada en 2012 por Pew Internet. Muchas veces, enseñar es compartir un sistema de creencias basado en la experiencia profesional y académica del profesor. La enseñanza contribuye a formar o modificar un sistema de creencias dado. Y en esa pedagogía no tiene porque haber evaluación con exámenes. En ese sentido, mi filosofía de trabajo no ha sido nunca obligar a los alumnos a asistir a clase, sino potenciar su propia motivación para compartir ideas y diseñar soluciones en grupo. Lo he logrado con mayor o menos suerte, a veces por limitaciones personales. Pero lo más cuestionable es que este tipo de alumnos que van a clase sólo cuando deben exponer ellos y se ausentan cuando trabajan sus compañeros son a veces la norma de algunos grupos de trabajo. Y si los alumnos no se respetan entre sí, al docente le queda una tarea aún más difícil para realizar en el grupo. Las tareas diseñadas en clase no son para el profesor, sino para compartir y aprender entre pares. El aprendizaje es compartido o no es, wikiaprendizaje diría mi colega Luis David Tobón. Mi consejo para estos estudiantes universitarios que sólo piensan en aprobar es que en la empresa que sueñas trabajar te pedirán mucho más que un 7 de nota de evaluación.
Proyectos como nuestro Imagine.CC, Singularity University y Stanford d-School, son las pautas de vanguardia de lo que será el futuro de la educación. Se constituyen como programas autónomos, sin títulos, sólo con eje en experiencias radicales de aprendizaje. Y resulta infinitamente mejor. Les recomiendo leer este artículo de Gregory Ferenstein en Tech Crunch, que comienza diciendo: “Lectures are often the least educational aspect of college; I know, I’ve taught college seniors and witnessed how little students learn during their four years in higher education.” En el caso de Imagine, me hace mucho orgullo formar parte de toda esta movida por segundo año consecutivo y en sus tres ediciones. En nuestro blog institucional, emocionan las palabras de Elena Ortíz, una de nuestras dreamers: “Me gusta trabajar sin mirar el reloj. Me gusta ser dreamer para el resto de mi vida. Me gusta que los 12 seamos tan iguales y tan distintos. Me gusta sentirme capaz de todo cuando estamos juntos. Me gusta volver a España con alas anti crisis. Me gusta saber que el staff es tan dreamer como cualquier dreamer. Me gusta soñar 25h al día. Me gusta cómo fui pero más cómo volví. Me gustaría que España pensara en amarillo” (nota de este autor: el amarillo es el color corporativo de Imagine.CC). Cuando veo la energía que ponen profesionales de años de carrera o jóvenes ya exitosos con voluntad de comerse a sí mismos para estar en nuestro programa Imagine, tiemblo por el futuro de alguno de mis ex-estudiantes quejosos por hacer 100 tweets para una tarea de la asignatura. A eso vamos en el último punto.
La agotadora tarea de hacer 100 tweets. La carencia de motivación intrínseca.
“People will be most creative when they feel motivated primarily by the interest, satisfaction, and challenge of the work itself, and not by external pressures” How to kill creativity, Teresa Amabile (1998).
En el inspiracional libro Lo que hacen los mejores profesores universitarios (2007), Ken Bain focaliza en dos conceptos claves sobre la experiencia de aprendizaje: conocimiento construido (no recibido); y cambio de modelos mentales. Los estudiantes se sienten cómodos con sus modelos mentales anteriores, debemos ayudarles a construir nuevos modelos mentales; aprendizaje basado en preguntas más que respuestas, las preguntas son cruciales porque “un proceso de indexación mejor produce una mayor flexibilidad, un recuerdo más fácil y una comprensión más rica“. Bain señala que los motivadores extrínsecos dañan el interés real. Cuando las personas creen que están al mando de la decisión de aprender, disfrutan más. Bain también analiza categorías de alumnos: aprendices profundos (sabedores conectados, pensadores independientes, críticos y creativos); aprendices estratégicos (aquellos que se centran en que les vaya bien en la universidad, sin desarrollar una comprensión en profundidad); aprendices superficiales (evitan meterse en líos y no equivocarse. Recurren a la memorización y sólo intentan reproducir lo que han oído). A partir de su práctica cotidiana en la universidad, cada uno sabría donde ubicarse.
La motivación intrínseca es la base de toda experiencia educativa eficiente. Si quieres generar ideas y convertirte en un nodo profesional y no sólo en un consumidor de ideas ajenas, debes automotivarse por el desafío del conocimiento, “the enjoyment of seeing and searching” decía Albert Einstein. Las organizaciones inteligentes construyen entornos de personas con expertise, pensamiento creativo y un gran nivel de motivación intrínseca. Ese es el rol de los buenos managers, de los buenos profesores y es la tarea diaria de los buenos alumnos. Y no se necesitan exámenes para que dicha motivación exista. En muchos alumnos universitarios, percibo ausencia de ética del esfuerzo. En el mundo laboral que se viene, la estabilidad dejará de ser la variable central. La vida profesional de quienes hoy tienen 20 años y están estudiando en la universidad requerirá tomar altos riesgos y desafíos. La educación ha dejado de ser un proceso secuencial, y es de por vida y cuando nos resulta más útil, just in time. El cambio permanente y transformación de las industrias, y la constante ruptura del status quo nos obligará a ser disruptivos, como si trabajáramos en un Silicon Valley global, construyendo una startup de nosotros mismos, como analizo en este artículo de julio de 2012. Gratton (2012) menciona dos cambios en el paradigma pedagógico que deberían saber todos los universitarios: 1) el desarrollo del capital intelectual. Del conocimiento superficial al focalizado e interdisciplinario. La wikipedia cambio todo. Necesitamos profundidad, no cortar y pegar. Tener un punto de vista único y diferente, ideas propias sobre un tema; 2) el capital social. Lazos sociales profesionales fuertes y débiles, especialmente los segundos. Buenos enlaces y visibilidad, en base a una estrategia coherente y permanente de autopromoción, aportando valor a la comunidad.
Vamos a lo anecdótico para comprender lo general. La anécdota es que hace ya 3 años que promuevo en clase- entre muchas otras tareas- el uso de Twitter para los alumnos de comunicación. El concepto pedagógico es diseñar una conversación entre todos que permita expandir las ideas alrededor de los temas de la asignatura, denominada Fundamentos de Comunicación Digital, con eje en la economía digital. Considero que un estudiante de Publicidad y RRPP debería utilizar las redes sociales como herramienta central de visibilidad profesional, y no como plataforma de comunicación privada. 100 tweets me parecen una cantidad mínima de inputs para realizar en tres meses de clases. Si fueron 500 tampoco pasaría nada. La idea es generar un flujo público y abierto sobre los temas tratados en la asignatura, con el objetivo de amplificar la conversación y los enlaces relevantes a la temática expuesta, en el momento que la temática precisamente estaba siendo expuesta. El objetivo era doble: a) que los alumnos aprendieran a utilizar Twitter en forma profesional, como estudiantes de comunicación que son, b) que la conversación pública que se generara en la Red resultara útil para ampliar los conocimientos sobre la temática que se estaba tratando en la asignatura. La tarea no era sólo twittear en general, sino leyendo y compartiendo lecturas imprescindibles sobre comunicación digital, fuentes variadas y utilización de enlaces útiles. Escribir en forma periódica y con un ritmo adecuado sobre temas relevantes y de valor añadido sobre comunicación digital interactiva utilizando fuentes de alto valor añadido como Wired Magazine, Fast Company, FastCoDesign, TechCrunch, TED Conferences, TEDX, Oxford Internet Institute, Pew Internet, Technology Review, el excelente blog de tecnología de The New York Times, Ciberpaís de El País y las plataformas de otros colegas que escriben desde EEUU, Europa e Iberoamérica.
Hoy es Twitter, pero puede ser cualquer otra plataforma de visibilidad profesional. Mi vocación es que los alumnos se conviertan en early adopters de tendencias digitales y postdigitales y no que terminen utilizando las plataformas y teniendo conversaciones profesionales como late majority. Si eres un profesional de la comunicación en estos tiempos postdigitales es vital crear una marca personal de confianza y cuidar de ella. La visibilidad es recursiva y es un gran círculo. Lo bueno que tu eres depende de quienes te enlazan y quienes te enlazan determinan lo bueno que tu eres. Google tradujo esta idea a las matemáticas y la expresó con un eficiente algoritmo. El 50% de la energía y el tiempo que muchos estudiantes dedican en Facebook a conversaciones banales podrían dedicarlo a posicionarse profesionalmente. Pero sin embargo me he encontrado con estudiantes de publicidad y RRPP que no saben gestionar su marca en la Red siendo wikileakers de sus propias vidas. Mal asunto. Si no saben gestionar su propia marca, ¿cómo podrán gestionar la marca de terceros? En un mundo donde miles de personas -o quizás más- tienen las mismas capacidades que ellos para realizar una tarea y compiten en el mismo mercado global, la diferenciación es un gran valor añadido. Pero si se quejan por tener que publicar 100 tweets en 3 meses, ¿qué les espera? En agosto de 2012, Rachel Botsman escribió un excelente artículo en Wired UK, Welcome to the New Reputación Economy. Allí se analiza a fondo la economía de la reputación, donde las tarjetas de presentación fueron reemplazadas por un perfil distribuido en la red y legitimado por la comunidad. Cómo nos comportamos en red es la referencia vital de la confianza de los lazos sociales débiles de nuestra comunidad. “An aggregated online reputation having a real-world value holds enormous potential” afirma Botsman.
Una breve reflexión final.
Con este artículo finalizo la trilogía de artículos sobre mi experiencia como investigador y profesor en la Facultat d’Empresa i Comunicació de la UVic. Que esta extensa reflexión sirva para compartir cosas que quienes estamos dentro de la educación, consideramos está pasando en el ecosistema de la educación superior, en plena crisis de formatos y de diseño de metodologías. Cuando los burócratas controlan los procesos, los profesores tenemos escasísimo margen de maniobra. Y así se recrea un sistema decadente, de supervivencia, nulo en innovación, y que promueve estrategias externas de desintermediación más seductores y valiosas a nivel pedagógico, en búsqueda del aura que la universidad ha perdido. Vivir en LAB: testear el mundo, descubrir el sentido y generar valor. A las nuevas ideas no le gustan ser dirigidas, ni quieren pasar control de fronteras ni formar parte de reuniones de gerentes. Por último, deja de creer que tu carrera universitaria será garantía de algo. Debes encontrar un nuevo territorio en el que jueguen tú y algunos pocos más, construir tu identidad profesional con una estrategia constante de romper reglas. Keep learning and never give up.
Viene de Migrando de la zona de confort. Una renuncia transparente (1) y de Cuando los burócratas controlan el proceso pedagógico. Una renuncia transparente (2)
(Imagen: Sin título, Por BerniMartin, en Flickr)






Lo de la UVIC es una cuenta atrás hacia un lookout definitivo que se producirá en poco tiempo. La ex-Facultad de Hugo -desde siempre- ha estado gestionada con un amateurismo “clientelista” que intentaba contentar los diferentes lobbies de grupúsculos de lugareños que defienden a capa y espada “la seva menjadora”, ya que el modelo de negocio es el de “colocar” a recomendados y amiguetes (con carné político o con lazos parentales de “les famílies vigatanes” de tota la vida). Es igual que seas biólogo y des clases de macramé o Economista e impartas fisioterapia. ¿Y qué?
Bueno, yo soy también un ex-alumno de la UVic (años 2003 – 2007) y no sé cómo ha cambiado a lo largo de estos últimos 6 años. Para mí fue una universidad correcta y con un nivel correcto, vistas las referencias que ex-alumnos de la UVic me daban de la UAB o la UPF. Y bueno, hablando del aspecto educativo, no tengo problema para decir que fui durante gran parte de la carrera uno de estos alumnos que buscan el aprobado antes que nada. ¿Por qué? Bueno, pues creo que por varias razones, pero las dos que considero más importantes son externas a la figura del profesor.
Para empezar, se llega a la universidad después de dos cursos de bachillerato y una prueba de selectividad en los que lo que importaba era la nota. A lo largo de toda la vida de estudiante pre-universitario, lo que se valora es la nota, y eso se acentúa cuando se acerca la oportunidad de dar el salto a la universidad. Los meses previos a la selectividad, se entra en una vorágine de estrés y memorización de contenidos para sacar la mayor nota posible que queda marcada a fuego en el subconsciente del estudiante. Borrar esa marca es muy difícil por…
…la segunda razón. Estudiar cuesta dinero. Estudiar en la UVic cuesta además bastante más dinero que estudiar en otros sitios. La actitud es defensiva: si se estudia en Vic quiere decir que es probable que el alumno fracasase en el proceso de la selectividad. Y un grueso del grupo de estudiantes entrará en UVIC con el objetivo de aprobar bien, dejar un expediente académico que apunte maneras y emigrar a latitudes estudiantiles más económicas. Con esta visión, poca gente busca involucrarse en la universidad. Y no nos engañemos, poca gente ponía la Uvic como primera opción de estudio y aún menos la debe poner ahora por los efectos de la crisis. No conseguir aprobar implica… pagar más dinero, y a la larga incluso puede aportar tener que estudiar un año más con los gastos de transporte y/o alojamiento y/o manutención que ello conlleva.
Así que con estas estructuras mentales de trinchera entramos muchos en la universidad. La tarea del profesor es dura: debe ser capaz, en cuatro meses, de dar su temario y conseguir que los alumnos aprendan. Los alumnos llegan con los objetivos claros: aprobar las máximas asignaturas posibles en la primera época de exámenes, que está presente desde el primer momento y por la simple cuestión de la naturaleza del tiempo, avanza sin detenerse. Distracciones que puede suponer empezar una nueva etapa de la vida, conocer gente, vivir en un nuevo entorno y determinar su rol, aparte; el estudiante se encuentra con media docena de materias, normalmente impartidas por media docena de profesores, que, cada uno a su manera, busca motivar a sus alumnos. Normalmente lo hace intentando transmitir su pasión por la asignatura y eso genera los míticos comentarios entre los alumnos de “X se cree que sólo tenemos que estudiar su asignatura”. Para el alumno, el schock de empezar la vida universitaria se diluye con el tiempo (y con ella, la excitación de la novedad), pero a su vez, la mecánica de la universidad es la misma, el nivel de los contenidos sube, y la posibilidad de tener que invertir más dinero va tomando forma real.
Con este panorama, es normal que el profesor perciba que la motivación de aprender su asignatura por parte del alumno sea baja. Al alumno le interesa el aprobado más que el contenido de la asignatura. Las asignaturas más participativas, que exigían más prácticas, no son vistas siempre como asignaturas más amenas, sinó como asignaturas con un ritmo invasivo. Por otra parte, muchos de mi quinta veíamos el plan Bolónia con horror, porque instauraba el ritmo invasivo a todas las materias y complicaba mucho las posibilidades de trabajar y estudiar a la vez. Se habla mucho de que la vida de estudiante es fácil comparada con el mundo laboral. Es una verdad a medias. En la cabeza del alumno el estudio también compite con el trabajo. El mundo del trabajo en esos años se veía como un mundo en el que una inversión de esfuerzo se traducía en una contraprestación económica liquida y real, y en cierta manera era el estudio es opuesto, ya que exige una inversión de esfuerzo que además supone un gasto económico. Cuando una persona trabaja, aprende a enfocar los problemas de forma diferente y desarrolla su comprensión. Si un estudiante no ha trabajado en la vida puede adoptar una técnica que simule la comprensión, pero no sacará provecho. Hablo por experiencia, aunque suene canalla, pues siento ahora más necesidad y curiosidad de leer artículos y libros relacionados con mis estudios que cuando estudiaba.
En definitiva, un estudiante llega a la universidad con el ritmo del preuniversitario y le cuesta horrores dejarse llevar por la curiosidad, porque el funcionamiento del sistema educativo enseña la aversión al riesgo – cosa que tampoco está de más -, y su asimilación suele ser más potente que el trabajo de un profesor para estimular una apertura de miras o la aceptación con naturalidad del método ensayo – error.
He tenido la triste experiencia de haber estudiado en la UVIC y sólo puedo decir que el Sr. Pardo ha puesto el dedo en la llaga. Me ha encantado este destacado: “Existen alumnos que viven su proceso universitario como una estrategia de supervivencia bajo el mínimo esfuerzo”. Y sí, es cierto, pues me he encontrado con innumerables compañeros que se dedican a enviar mails internos o mensajes en el facebook. para generar estrategias de confusión, protesta o crear el mal ambiente adecuado para NEGOCIAR a la baja trabajos, coaccionar al profesor que ven más débil y con miedo a perder su trabajo o quejarse al blandengue coordinador de turno de los profesores y evitar cualquier ESFUERZO normal por ESTUDIAR (a tenor de la Universidad donde acabé mis estudios). Creo que fue una experiencia en el PAÍS DE LA MEDIOCRIDAD. Y me llamó la atención que los lugareños de la comarca se refieran a la UVIC como lA ACADEMIA EUROPA. Yo no lo entendía, pues venía de fuera de la comarca. Al cabo de un año me enteré de que la Academia Europa era un centro donde las familias enviaban a los hijos menos listos a que les aprobaran sin casi hacer nada (parece ser que ese era el éxito del centro). O sea, un plácido lugar donde se obtenía un título a base de pagar y poco más. Mala imagen de marca para una Universidad que le comparen con ese lugar que ya no existe. Oí hablar de Hugo, de Scolari y de otros grandes profesores que organizaban e-weeks o profesionales que ofrecían cierto nivel, pero que se han ido marchando poco a poco y los pocos que quedan, acabarán por irse (y quedarán los que mantienen el espíritu del modelo Academia Europa). El problema es que el el binomio calidad-precio en la UVIC roza el desequilibrio absoluto: mediocridad a precio de caviar. Y no digo yo, lo dicen centenares de alumnos que han pasado por ahí.
Por lo que he leído en estos posts y teniendo en cuenta la caída en las matriculaciones de la UVIC, especialmente en la Facultad de la que habla el autor, únicamente puedo decir que: las pruebas son evidentes. Una universidad que va bien, tiene cola de alumnos para matricularse, tienen notas de corte (que incrementan cada año) y son deseadas por los CV que las empresas solicitan en sus procesos de selección de personal. La UVIC con un 5 acepta a todo el mundo (y lleva así muchos años), no se ven colas, no hay overbooking de solicitudes de matrícula y tampoco las empresas están deseosas de ver UVIC en los CV de los postulantes a puestos de trabajo. ¿Por algo será, no?. Cuando el río suena, agua lleva. Y viendo la descapitalización humana de esa facultad, la cantidad de decanos, equipos directivos y visión “ombliguista” en su política educativa, pues esa es su cosecha. Pardo ha sido valiente en decir lo que nadie se atreve a decir. Felicidades.
Respondo al sr. Albert Puig:
1) No tengo ampollas. No estoy quejoso.
2) Como comprenderás (supongo que te será posible) las críticas del sr. Pardo y del sr. Gutiérrez hacia la institución UVic me afectan puesto que yo trabajo allí y dependo de la matrícula, y la matrícula de la imagen corporativa. Perdona que haya metido a mis hijos por medio, seguro que cuando los tengas lo entenderás.
3) Es muy fácil criticar, y todavía más fácil opinar sin conocer. Me sorprende que sepas oler ese tufillo a miedo pre-INEM, si te interesa conocerme mejor para constatarlo y contrastarlo, no dudes en pedirle a Hugo mi correo y quedamos.
4) Yo no amago nada y no me callo las cosas, de nuevo pregunta a Hugo. Pero claro, no vas a darme el crédito que le das a él. Solo conoces una versión de los hechos, y a mí no me conoces, no me acuses de encubridor.
5) Estoy tranquilo, no te preocupes. Y gracias por perdonarme, eres muy magnánimo y nada prepotente. Y tus palabras son sabias y nada hirientes. Como me gustaría que me adoctrinaras un poco más sobre “valores de esfuerzo, competitividad, emprendeduría, respeto al profesorado” o “excelencia” o “conciencias tranquilas y la satisfacción del deber cumplido”. De verdad, por favor…
Creo que este post ha levantado ampollas a alguno. La verdad, ¿qué tienen que ver los hijos, el pan, el salario y un cierto tufillo a miedo pre-INEM por una simple reflexión del Sr. Pardo o Gutiérrez?. O sea según este quejoso profesor de la UVIC, es mejor callar las cosas y “no aixecar catifes” (molt tipic de la nostra terra), para no alterar el espejismo de un oasis universitario concreto de aprobados generales (según cita Pardo en este caso). Yo sólo me pregunto ¿es legal premiar así a un grupo de alumnos que-según Hugo Pardo- fueron conflictivos?. ¿Qué valor tiene una titulación universitaria en base a una práctica como esa?. ¿Qué valores de esfuerzo, competitividad, emprendeduría, respeto al profesorado y altura de miras se les transmite con esos aprobados a la carta?… creo que lo preocupante está ahí. Y tranquilo, que la excelencia trae trabajo y el pan asegurado “per secula seculorum” para casa (hijos incluídos). También trae las conciencias tranquilas y la satisfacción del deber cumplido.
Soy profesor de la UVic.
Jaime Gutiérrez dice “… no es el primer ni el último caso que he escuchado …” y “Muy buen análisis y muy valiente, con datos concretos.”
Yo te pregunto a ti y a mi ex-colega en la UVic: ¿Qué has escuchado? ¿De qué fuente? ¿Qué datos concretos? ¿Se ha medido el índice de satisfación de los 1000 alumnos que Pardo dice haber tenido?
Tan solo opiniones, opiniones que hacen mucho daño a instituciones y profesionales. Llevo 18 años dando clases en la UVic, jamás aprobé a un alumno porqué sí. Trabajo duro, y mis hijos comen gracias a ello. Y soy muy autocrítico, os lo aseguro. Eso sí, no tengo ningún blog dónde excusarme y lamerme las heridas. Aunque tampoco genero problemas, claro, como soy tan formal…
Siento no haber usado las palabras “disruptivo”, “borde del ecosistema”, “just in time”, “early adopters” o “intermediación”. Soy tan gris que seguro que el amarillo “dreamer” me sienta muy mal. Saludos.
Sobre lo que comenta el autor en la UVIC, no es el primer ni el último caso que he escuchado sobre la forma en la que las Universidades privadas, semi-privadas o semi-secuestradas por la subvención política, practican. Hoy en día, la mediocridad, el pensamiento gris y uniformizado, el figurar por figurar y lo políticamente correcto, son la moneda de cambio a pagar por unos centros que más que instituciones son expendedores de papel llamados títulos universitarios. Son falseadores de estadísticas de fracaso escolar aderezadas con aperturas de puertas (famosas pruebas de acceso amañadas) para dejar entrar a todo el mundo, no por lo que valen, más bien por lo que pagan. Y el profesorado, es un mero entretenedor de jóvenes con más vocación de Ni-Ni que de emprendedores del saber. Muy buen análisis y muy valiente, con datos concretos. ¿Tomarán nota en esas universidades? Yo, desde luego, nunca llevaría a un hijo a una institución como esa.
Hugo como lo hemos hablado y tal como lo dice muy bien Antonio Bartolomé “La vida es la que suspende”. Yo siempre digo a mis estudiantes que no soy un traficante de notas. Es decir la evaluación es la experiencia, son las conexiones significativas que cada estudiantes hace y como se enfoca y proyecta con disciplina sus pasiones. Aprender y emprender. Hay muchos jóvenes inquietos que descubren, creen y crean. Y cada vez más esos jóvenes no se sienten cómodos en los entornos universitarios que son más rebaño que ecosistema.
Excelente post y gracias por lo que mencionas de mi palabrita favorita: WIKIAPRENDIZAJES.
Abrazo!!
En 1988 comprendí que el planteamiento docente en la universidad (con unas calificaciones, una estructura de poder, y una concepción escolar de la educación y el aprendizaje) invalidaban el sistema para un auténtico proceso de creación colectiva y de desarrollo personal. Por eso dije a un grupo de mis estudiantes: ¿qué tal si ahora, terminado el curso, nos olvidamos de las clases y nos dedicamos a algo que realmente nos interese? Fue el comienzo del LMI. Nació de la incapacidad de la institución para cambiar. En 1988. Y sigue igual. Pobres esos alumnos. Porque, como decía un viejo y sabio profesor de Historia caracterizado por aprobar a todos: “la vida es la que suspende”. Pobres esos alumnos a quienes no les suspendió la Universidad de Vic, pero les suspenderá la vida.