Estudiantes con resaca de educación formal (3)

 

Viene de Migrando de la zona de confort. Una renuncia transparente (1) y de Cuando los burócratas controlan el proceso pedagógico. Una renuncia transparente (2)

 

El ciclo 2011/2012 ha sido un gran año profesional, pero uno de lo más difíciles como profesor universitario. La principal motivación de mi tarea docente es la relación con los alumnos y en el período que ha finalizado en julio pasado he tenido algunos problemas que me invitan a tomar distancia desde espacios informales, donde el cambio positivo de las personas es la principal retribución, como demuestra esta reflexión del dreamer Juan Blas Barbed. Ya había escrito sobre mi relación con un grupo de estudiantes en un artículo anterior, en el medio del ciclo de clases y con la aspiración de mejorar la interacción, pero no ha sido posible. No se debe generalizar sobre la motivación de los estudiantes universitarios. En más de una década de docencia en tres instituciones y países; más talleres, seminarios, postgrados u otro tipo de docencia en una decena de países, he vivido grandes experiencias y he recibido muchísimo afecto. Otros colegas también me describen estudiantes de un gran nivel y una gran ética del esfuerzo, vocación de aprendizaje y emprendedora. “Todos estos años me han enseñado que siempre hay algo nuevo por aprender. Muchas veces te lo enseña el alumno más joven y con menos experiencia de la cocina” le he leído decir al cocinero italiano Massimo Bottura.

Tampoco se trata de responsabilizar a los estudiantes de las dificultades a las que nos enfrentamos los docentes. Mis experiencias fallidas son un pequeño fracaso personal del que debo aprender. No he podido conseguir ni intelectualmente ni a nivel inspiracional lo que esperaba de un grupo de estudiantes específico. Sin embargo, este pequeño estudio de caso me sirve para describir la tipología de un acotado sector de estudiantes universitarios en Iberoamérica, sin lugar a dudas los que más problemas tendrán para ingresar al mercado laboral al finalizar sus estudios. En una reciente entrevista en La Nación al antropólogo francés Marc Augé señalaba que “los jóvenes temen no conseguir un trabajo para sobrevivir, son incapaces de proyectarse. (…) Hoy el hombre vive mucho más tiempo, pero comienza a vivir más tarde. Tomemos el ejemplo de la Revolución Francesa: fue hecha por gente que apenas tenía 20 años; jóvenes que cambiaron el curso de la historia.” Con 20 años puedes cambiar el mundo y es algo mucho más interesante para construir un perfil profesional que focalizarte en superar exámenes en la universidad. Pero la educación formal ha hecho un gran daño en este perfil de alumnos, que están convencidos que ir a la universidad es “ir a aprobar” y “pasar de año”. Nada más equivocado. La mejor experiencia académica es la de compartir ideas entre docentes y alumnos y entre los propios estudiantes, cuestionar la autoridad del docente, descubrir, pensar y hacer en los bordes de la disciplina y creando espacios informales de interaccción más allá del aula, diseñar redes profesionales y ganar en visibilidad. Contribuir a formar aprendices profundos que estén en condiciones de aprender a juzgar la calidad de su propio trabajo, si no lo hacen es que no han aprendido. La fórmula para jóvenes, según William H. Stone, es: disciplina, enfoque, pasión y autoconfianza.

Soy un convencido que las universidades deben innovar sus estrategias de enseñanza, su diseño curricular y hasta el diseño físico de los espacios, para facilitar un nuevo tipo de interrelación con los alumnos que privilegie la pertenencia, potenciando el trabajo en equipo, la autoformación y la formación continua. A propósito del lanzamiento de la Outliers School Educación, junto a Carlos Scolari y Cristóbal Cobo hemos escrito un largo artículo reflexionando sobre el tema. En tiempos de inflación de credenciales académicas, debería haber más aprendizaje just in time y no just in case. En ese sentido, muchos estudiantes deben cambiar su actitud y mentalidad. Transformar la cultura de la queja en ética del esfuerzo. Existen alumnos que viven su proceso universitario como una estrategia de supervivencia bajo el mínimo esfuerzo. Otros alumnos, sin embargo, basan su experiencia en el deseo de autoconstruirse y de emprender, más allá de las evaluaciones rutinarias. Estos últimos son con quienes luego los profesores construimos redes profesionales basadas en el respeto entre colegas. Como analiza Blum (2009), algunos estudiantes arrastran como un enorme peso el proceso de la evaluación y pierden de vista el objetivo de aprender en base al ensayo y error. Así, su principal meta es aprobar, y limitan al mínimo la interacción real y extracurricular con los profesores en pos de ese objetivo. Creo que aquí radica el principal problema en nuestra experiencia académica.

 
El error de tomar la evaluación como el centro del proceso educativo.

Ya lo he mencionado en mi anterior artículo Cuando los burócratas controlan el proceso pedagógico. Considero que el futuro de la educación de calidad será a medida y la evaluación será irrelevante o directamente nula. User-based education. Recomiendo leer la investigación The future of higher education, realizada en 2012 por Pew Internet. Muchas veces, enseñar es compartir un sistema de creencias basado en la experiencia profesional y académica del profesor. La enseñanza contribuye a formar o modificar un sistema de creencias dado. Y en esa pedagogía no tiene porque haber evaluación con exámenes. En ese sentido, mi filosofía de trabajo no ha sido nunca obligar a los alumnos a asistir a clase, sino potenciar su propia motivación para compartir ideas y diseñar soluciones en grupo. Lo he logrado con mayor o menos suerte, a veces por limitaciones personales. Pero lo más cuestionable es que este tipo de alumnos que van a clase sólo cuando deben exponer ellos y se ausentan cuando trabajan sus compañeros son a veces la norma de algunos grupos de trabajo. Y si los alumnos no se respetan entre sí, al docente le queda una tarea aún más difícil para realizar en el grupo. Las tareas diseñadas en clase no son para el profesor, sino para compartir y aprender entre pares. El aprendizaje es compartido o no es, wikiaprendizaje diría mi colega Luis David Tobón. Mi consejo para estos estudiantes universitarios que sólo piensan en aprobar es que en la empresa que sueñas trabajar te pedirán mucho más que un 7 de nota de evaluación.

Proyectos como nuestro Imagine.CC, Singularity University y Stanford d-School, son las pautas de vanguardia de lo que será el futuro de la educación. Se constituyen como programas autónomos, sin títulos, sólo con eje en experiencias radicales de aprendizaje. Y resulta infinitamente mejor. Les recomiendo leer este artículo de Gregory Ferenstein en Tech Crunch, que comienza diciendo: “Lectures are often the least educational aspect of college; I know, I’ve taught college seniors and witnessed how little students learn during their four years in higher education.” En el caso de Imagine, me hace mucho orgullo formar parte de toda esta movida por segundo año consecutivo y en sus tres ediciones. En nuestro blog institucional, emocionan las palabras de Elena Ortíz, una de nuestras dreamers: “Me gusta trabajar sin mirar el reloj. Me gusta ser dreamer para el resto de mi vida. Me gusta que los 12 seamos tan iguales y tan distintos. Me gusta sentirme capaz de todo cuando estamos juntos. Me gusta volver a España con alas anti crisis. Me gusta saber que el staff es tan dreamer como cualquier dreamer. Me gusta soñar 25h al día. Me gusta cómo fui pero más cómo volví. Me gustaría que España pensara en amarillo” (nota de este autor: el amarillo es el color corporativo de Imagine.CC). Cuando veo la energía que ponen profesionales de años de carrera o jóvenes ya exitosos con voluntad de comerse a sí mismos para estar en nuestro programa Imagine, tiemblo por el futuro de alguno de mis ex-estudiantes quejosos por hacer 100 tweets para una tarea de la asignatura. A eso vamos en el último punto.


La agotadora tarea de hacer 100 tweets. La carencia de motivación intrínseca.

People will be most creative when they feel motivated primarily by the interest, satisfaction, and challenge of the work itself, and not by external pressures” How to kill creativity, Teresa Amabile (1998).

En el inspiracional libro Lo que hacen los mejores profesores universitarios (2007), Ken Bain focaliza en dos conceptos claves sobre la experiencia de aprendizaje: conocimiento construido (no recibido); y cambio de modelos mentales. Los estudiantes se sienten cómodos con sus modelos mentales anteriores, debemos ayudarles a construir nuevos modelos mentales; aprendizaje basado en preguntas más que respuestas, las preguntas son cruciales porque “un proceso de indexación mejor produce una mayor flexibilidad, un recuerdo más fácil y una comprensión más rica“. Bain señala que los motivadores extrínsecos dañan el interés real. Cuando las personas creen que están al mando de la decisión de aprender, disfrutan más. Bain también analiza categorías de alumnos: aprendices profundos (sabedores conectados, pensadores independientes, críticos y creativos); aprendices estratégicos (aquellos que se centran en que les vaya bien en la universidad, sin desarrollar una comprensión en profundidad); aprendices superficiales (evitan meterse en líos y no equivocarse. Recurren a la memorización y sólo intentan reproducir lo que han oído). A partir de su práctica cotidiana en la universidad, cada uno sabría donde ubicarse.

La motivación intrínseca es la base de toda experiencia educativa eficiente. Si quieres generar ideas y convertirte en un nodo profesional y no sólo en un consumidor de ideas ajenas, debes automotivarse por el desafío del conocimiento, “the enjoyment of seeing and searching” decía Albert Einstein. Las organizaciones inteligentes construyen entornos de personas con expertise, pensamiento creativo y un gran nivel de motivación intrínseca. Ese es el rol de los buenos managers, de los buenos profesores y es la tarea diaria de los buenos alumnos. Y no se necesitan exámenes para que dicha motivación exista. En muchos alumnos universitarios, percibo ausencia de ética del esfuerzo. En el mundo laboral que se viene, la estabilidad dejará de ser la variable central. La vida profesional de quienes hoy tienen 20 años y están estudiando en la universidad requerirá tomar altos riesgos y desafíos. La educación ha dejado de ser un proceso secuencial, y es de por vida y cuando nos resulta más útil, just in time. El cambio permanente y transformación de las industrias, y la constante ruptura del status quo nos obligará a ser disruptivos, como si trabajáramos en un Silicon Valley global, construyendo una startup de nosotros mismos, como analizo en este artículo de julio de 2012. Gratton (2012) menciona dos cambios en el paradigma pedagógico que deberían saber todos los universitarios: 1) el desarrollo del capital intelectual. Del conocimiento superficial al focalizado e interdisciplinario. La wikipedia cambio todo. Necesitamos profundidad, no cortar y pegar. Tener un punto de vista único y diferente, ideas propias sobre un tema; 2) el capital social. Lazos sociales profesionales fuertes y débiles, especialmente los segundos. Buenos enlaces y visibilidad, en base a una estrategia coherente y permanente de autopromoción, aportando valor a la comunidad.

Vamos a lo anecdótico para comprender lo general. La anécdota es que hace ya 3 años que promuevo en clase- entre muchas otras tareas- el uso de Twitter para los alumnos de comunicación. El concepto pedagógico es diseñar una conversación entre todos que permita expandir las ideas alrededor de los temas de la asignatura, denominada Fundamentos de Comunicación Digital, con eje en la economía digital. Considero que un estudiante de Publicidad y RRPP debería utilizar las redes sociales como herramienta central de visibilidad profesional, y no como plataforma de comunicación privada. 100 tweets me parecen una cantidad mínima de inputs para realizar en tres meses de clases. Si fueron 500 tampoco pasaría nada. La idea es generar un flujo público y abierto sobre los temas tratados en la asignatura, con el objetivo de amplificar la conversación y los enlaces relevantes a la temática expuesta, en el momento que la temática precisamente estaba siendo expuesta. El objetivo era doble: a) que los alumnos aprendieran a utilizar Twitter en forma profesional, como estudiantes de comunicación que son, b) que la conversación pública que se generara en la Red resultara útil para ampliar los conocimientos sobre la temática que se estaba tratando en la asignatura. La tarea no era sólo twittear en general, sino leyendo y compartiendo lecturas imprescindibles sobre comunicación digital, fuentes variadas y utilización de enlaces útiles. Escribir en forma periódica y con un ritmo adecuado sobre temas relevantes y de valor añadido sobre comunicación digital interactiva utilizando fuentes de alto valor añadido como Wired Magazine, Fast Company, FastCoDesign, TechCrunch, TED Conferences, TEDX, Oxford Internet Institute, Pew Internet, Technology Review, el excelente blog de tecnología de The New York Times, Ciberpaís de El País y las plataformas de otros colegas que escriben desde EEUU, Europa e Iberoamérica.

Hoy es Twitter, pero puede ser cualquer otra plataforma de visibilidad profesional. Mi vocación es que los alumnos se conviertan en early adopters de tendencias digitales y postdigitales y no que terminen utilizando las plataformas y teniendo conversaciones profesionales como late majority. Si eres un profesional de la comunicación en estos tiempos postdigitales es vital crear una marca personal de confianza y cuidar de ella. La visibilidad es recursiva y es un gran círculo. Lo bueno que tu eres depende de quienes te enlazan y quienes te enlazan determinan lo bueno que tu eres. Google tradujo esta idea a las matemáticas y la expresó con un eficiente algoritmo. El 50% de la energía y el tiempo que muchos estudiantes dedican en Facebook a conversaciones banales podrían dedicarlo a posicionarse profesionalmente. Pero sin embargo me he encontrado con estudiantes de publicidad y RRPP que no saben gestionar su marca en la Red siendo wikileakers de sus propias vidas. Mal asunto. Si no saben gestionar su propia marca, ¿cómo podrán gestionar la marca de terceros? En un mundo donde miles de personas -o quizás más- tienen las mismas capacidades que ellos para realizar una tarea y compiten en el mismo mercado global, la diferenciación es un gran valor añadido. Pero si se quejan por tener que publicar 100 tweets en 3 meses, ¿qué les espera? En agosto de 2012, Rachel Botsman escribió un excelente artículo en Wired UK, Welcome to the New Reputación Economy. Allí se analiza a fondo la economía de la reputación, donde las tarjetas de presentación fueron reemplazadas por un perfil distribuido en la red y legitimado por la comunidad. Cómo nos comportamos en red es la referencia vital de la confianza de los lazos sociales débiles de nuestra comunidad. “An aggregated online reputation having a real-world value holds enormous potential” afirma Botsman.


Una breve reflexión final.

Con este artículo finalizo la trilogía de artículos sobre mi experiencia como investigador y profesor en la Facultat d’Empresa i Comunicació de la UVic. Que esta extensa reflexión sirva para compartir cosas que quienes estamos dentro de la educación, consideramos está pasando en el ecosistema de la educación superior, en plena crisis de formatos y de diseño de metodologías. Cuando los burócratas controlan los procesos, los profesores tenemos escasísimo margen de maniobra. Y así se recrea un sistema decadente, de supervivencia, nulo en innovación, y que promueve estrategias externas de desintermediación más seductores y valiosas a nivel pedagógico, en búsqueda del aura que la universidad ha perdido. Vivir en LAB: testear el mundo, descubrir el sentido y generar valor. A las nuevas ideas no le gustan ser dirigidas, ni quieren pasar control de fronteras ni formar parte de reuniones de gerentes. Por último, deja de creer que tu carrera universitaria será garantía de algo. Debes encontrar un nuevo territorio en el que jueguen tú y algunos pocos más, construir tu identidad profesional con una estrategia constante de romper reglas. Keep learning and never give up.

 

Viene de Migrando de la zona de confort. Una renuncia transparente (1) y de Cuando los burócratas controlan el proceso pedagógico. Una renuncia transparente (2)

(Imagen: Sin título, Por BerniMartin, en Flickr)