Free the Facts! La ruptura del statu-quo editorial científico

 

(Imagen de cabecera artículo: Attention, por A*BOO, en Flick) Esta semana el gobierno británico ha tomado una medida para su sistema de investigación científica tan relevante que -desde mi punto de vista- significa el comienzo del fin de un modelo comercial de comunicación científica que lleva más de un siglo y que actualmente perjudica financieramente a las universidades (en millones de dólares para grandes universidades públicas) y a sus equipos de investigación y favorece a un pequeño grupo de editoriales privadas. Reino Unido ha decidido “que, dentro de dos años, todos los estudios científicos publicados que hayan sido subvencionados con dinero público deberán ser de acceso gratis para todo el público, sean de donde sean y se dediquen a lo que se dediquen.”

Este tema me interesa desde hace mucho tiempo. El gran valor de la noticia me obliga a reciclar un texto que escribí hace tiempo en DGTL y que actualizo a esta versión. En 2011, expuse sobre el tema en el Congreso Amigos 2011. El usuario, la información y la biblioteca. Ciberintermediación en la comunicación científica: Los open access journals y la ruptura del statu-quo editorial fue el título de la ponencia. A comienzos de 2012 repetí la presentación, pero esta vez en la Universidad de Buenos Aires. Allí hice foco sobre el mundo de la comunicación científica. Ya en 2011 la Universidad de Princeton anunciaba la prohibición a sus investigadores a ceder derechos de autor de sus artículos académicos a editores profesionales. Pero en este caso la medida es mucho más relevante porque lo hace el Reino Unido en su conjunto para todo su sistema de investigación, una de las 3 grandes potencias científicas del mundo, junto a EEUU y Alemania.

 

 

Como dice el equipo de FigShare para presentar su plataforma, “Scientific publishing as it stands is an inefficient way to do science on a global scale. A lot of time and money is being wasted by groups around the world duplicating research that has already been carried out.” La misma crisis que tantas veces describimos en la industria de la comunicación (publicidad, medios masivos, prensa, industria discográfica, educación, etc), también está afectando con especial intensidad a la industria de la edición científica. En Geekonomía. Un radar para producir en el postdigitalismo (2010) escribí un capítulo especial sobre las nuevas formas de comunicación científica y la crisis del formato tradicional. Bajo el título “Un estudio de caso de nuevas formas de intermediación: los open access journals.” el ensayo analiza a la industria de las revistas científicas como una de las que más está sufriendo el fenómeno de la desintermediación en la comunicación en detrimento de los actores tradicionales. Un pequeño grupo de editoriales ha concentrado un negocio multimillonario haciendo un limitado esfuerzo para adaptarse a la economía de la información y aún menos a los nuevos tiempos postdigitales. Si bien el origen de las publicaciones científicas estuvo en sociedades académicas sin fines de lucro, hoy tres editoriales concentran el 42% del negocio mundial: Springer, Elsevier y Wiley & Sons. Estas empresas han profesionalizado el diseño de plataformas impresas para que la comunidad científica publique los reportes de sus investigaciones bajo el histórico método de revisión entre pares. Empieza a hacerle sombra una iniciativa sin fines de lucro y financiada con fondos europeos, el Directory of Open Access Journals, pero la lucha comercial recién empieza. Esta medida del Reino Unido es muy importante porque inclina definitivamente la balanza para el lado de los contenidos abiertos.

 


 

El sistema existía hace más de un siglo y era previamente administrado con cierta precariedad por las propias asociaciones de investigadores. El salto cualitativo lo dieron las editoriales masificando el The Science Citation Index, un índice de impacto mundial creado por Eugene Garfield en la década de 1960 y vendido a Thomson Reuters en 1992. En 1997 Thomson Reuters colocó dicho índice de impacto en Internet y el ranking ISI se transformó definitivamente en el referente mundial en la valoración de la comunicación científica. Hoy día la industria está distorsionada y focalizada en el flujo de ganancia más que en el interés por la divulgación y distribución del conocimiento que se genera en los laboratorios de investigación y en la academia. Según Casati, Giunchiglia y Marchese (2007), el modelo actual se basa en tres componentes: diseminar ideas y ganar visibilidad; obtener reconocimiento; generar intercambios y redes. Pero el sistema tradicional de los journals de pago es ineficiente para cumplir estos tres objetivos. Dave Gray (2009) describe de forma ilustrada el negocio de las revistas científicas a través de una breve y excelente producción en Flickr titulada “Free the Facts”. Señala que aunque gran parte del conocimiento científico ha sido financiado por fondos públicos, y en consecuencia debería ser accesible a toda la comunidad, la industria de la comunicación científica impide esa atribución ciudadana, exigiendo una suscripción para acceder a estos reportes. Según Gray, el coste promedio por artículo es de treinta y dos dólares, un coste poco abordable para muchas universidades latinoamericanas. En el mismo sentido, Stevan Harnad escribía sobre el tema ya hace 12 años en Free at last: The Future of Peer-Reviewed Journals”.

 
La desintermediación basada en las TIC ha transformado múltiples ecosistemas industriales, desde la banca a los medios, la educación y el comercio. Este taller explora este nuevo tipo de desintermediación o reintermediación que analiza cómo la revolución de las TIC ha provisto alternativas de desintermediación en la generación, distribución y acceso al conocimiento, desde el tradicional formato cerrado/cerrado (cerrada generación de conocimiento cerrada distribución y acceso), pasando por el formato cerrado/abierto (OpenCourseWare o iTunes son buenos ejemplos), al más radical formato abierto/abierto, como P2P University y The Khan Academy. Sin embargo el status quo industrial de la comunicación científica lucha por sobrevivir, enmascarando pequeños cambios para seguir monetizando el esfuerzo de toda la comunidad científica y de las universidades, que pagan dos veces a estos editores privados: primero -indirectamente- financiando al investigador para que genere conocimiento publicable; segundo – en forma directa- con costosas suscripciones a las revistas científicas.