La muerte de los blogs. De Blogger a WordPress

 

Hace un mes en DGTL explicábamos el porqué del cambio de plataforma y Mise-en-scène de nuestro anterior blog. Los blogs han dejado de existir como herramientas innovadoras y se han vuelto mainstream o irrelevantes, y hasta las plataformas que los contienen ofrecen hoy soluciones mucho más complejas y productivas que un formato de posts organizados por fechas. Blogger ha evolucionado hacia WordPress, dejando a la plataforma de Google en un rol de herramienta de publicación para los últimos enterados de la revolución digital. Por el contrario, WordPress ha pasado de ser una plataforma más de blogs a un complejo gestor profesional de contenidos con gran cantidad de opciones, ya sea a nivel de plantillas (recomiendo las plantillas de pago de Themeforest y Elegantthemes) así como de plugins. Esta infografía demuestra el poder de WordPress. Lo más interesante de esta evolución es que muchas empresas importantes se han decidido por WordPress para diseñar sus plataformas web, dejando fuera del proceso a los habituales diseños web en HTML comenzando desde cero.

 

La conversación social no presta demasiada atención hacia los formatos y éstos suelen adaptarse a las prácticas de interacción dominantes. El mercado son conversaciones. Y en sentido, todos los medios se reconfiguran con la convergencia, el mestizaje y la evolución orgánica, y los blogs han sido el ejemplo más paradigmático dentro de los formatos colaborativos. Vale tener en cuenta dos tipos de fenómenos orgánicos que se configuran en paralelo pero que poseen diferentes dimensiones. Por un lado, la evolución de la escritura y el desarrollo de las redes tecnológicas. Por otro, los productos coyunturales y las modas de consumo. Estas pasan y cambian de nombre, pero la escritura se modifica y ya no hay vuelta atrás. En 2009 escribí un artículo sobre el tema en el libro El fin de los medios masivos. El comienzo de un debate” de Carlos Scolari y Mario Carlón (editores), dentro de la colección La Crujia Inclusiones. Este artículo tuvo una segunda versión y hoy en este artículo presento una tercera versión donde la crisis de los blogs se ha agravado hacia su muerte definitiva. Esta crisis de formato es válida para casi todos, excepto para algunos profesionales que aún hoy anuncian en las reuniones de consejo que “para comunicarse mejor con sus públicos objetivos, la institución tendrá un blog” (no es una hipótesis: lo he vivido en primera persona hace sólo dos meses).

A fines de 2008, Paul Boutin anunciaba en Wired malas noticias para los aspirantes a blogueros: “You’re too late. Los blogs se han transformado en e-magazines. El tipo de escritura en posts sigue siendo una herramienta valiosa y productiva, valiosos borradores, versiones inacabadas del pensamiento de sus autores. Pero para esto ya existen Twitter o Posterous y ambas son plataformas más sexies e implican menos trabajo de edición. En el artículo original de 2009, mencionaba algunas características de ese cambio. Destaco los 4 aspectos que hoy se han profundizado: a) la competencia de otros formatos con funciones de visibilidad profesional similares han hecho que el esfuerzo de calidad o creatividad que requiere lograr atención diaria de autores y lectores se haya trasladado a otro tipo de plataformas y/o se haya dispersado en varias plataformas; b) el poder de transformación social de redes como Twitter o Facebook no es menor. Las redes sociales generalistas nos unen y se convierten en un depositario de nuestra historia personal. Y en esa práctica, los blogs tienen escaso recorrido porque son herramientas de producción individual, donde la participación colectiva se limita a los comentarios; c) saturación del formato por carencia de actualización de los productos;  d) pérdida de jerarquía de los blogs en el algoritmo Page Rank de Google, que debe atender un creciente volumen de contenidos generados por el usuario, lo que promueve una mayor invisibilidad hacia estos contenidos de la que existía hace 10 años.

 
En el período 1999-2005 los blogs eran el gestor de contenidos por excelencia; sin embargo, comenzar en 2012 un blog individual desde cero -si uno carece de un perfil previo atractivo que le permita ganar una mínima masa critica de usuarios- es una tarea costosa y poco eficiente. El ruido existente en la red como consecuencia de la multiplicación de contenidos generados por el usuario como por el preferential attachment (dada la elección entre dos nodos, se elegirá el nodo más conectado, Barabási, 2002) convierte a la mayoría de blogs en casi invisibles y por tanto irrelevantes a la hora de crear opinión pública, decantándose el consumo hacia el mayor crecimiento de los puntos de concentración o hubs. Ya decíamos algo similar en 2007 en el capítulo 4 de nuestro trabajo Planeta Web 2.0. Inteligencia colectiva o medios fast food que plantea un esbozo de ideas críticas sobre la Web Social.

 

 

La dinámica de poder que muchos olvidan

Cuando analizamos pasado y presente de los blogs, estamos revisitando un fenómeno de cambios de estructuras de poder empresarial que no son menores. Mientras muchos medios tradicionales están en profunda crisis y se quejan del cambio de comportamiento de los consumidores, otras empresas más hábiles que han nacido siendo blogs se expanden y se convierten en corporaciones mediáticas. Los bordes que se van al centro del ecosistema industrial, desplazando a los que antes eran líderes. Dos casos reconocidos son The Huffington Post y TechCrunch, antiguos blogs colectivos devenidos en poderosas corporaciones mediáticas, surgidos a la sombra de empresas que no entendían lo que estaba pasando. TechCrunch era originalmente el blog de Michael Arrington. Hoy, junto a un equipo de colaboradores, se dedica a mapear y analizar las nuevas aplicaciones de la Web Social surgidas en el mundo. En pocos años se ha convertido en una de los plataformas de negocios más influyentes en la escena californiana, y punto de referencia obligada de los fondos de inversión de Sand Hill Road.

El cambio no tiene nada de vulgar y es ante todo, político. Según David Weinberger (2007), los editores de medios deciden que exponer y que ignorar, organizando la información de una manera que la “desorganiza” de otra. Se trata de una construcción de sentido, de una configuración de poder legitimando unos elementos por sobre otros que quedan relegados. La organización de la información no se deriva de la organización natural del mundo, sino que refleja nuestros intereses y necesidades, construyendo creencias y poder. Esas limitaciones físicas de la organización de la información no sólo limitan nuestra percepción del mundo, sino que además dan mayor poder a las instituciones responsables de editar la información. Y con esas limitaciones han construído poder las grandes corporaciones mediáticas del Siglo XX que todos conocemos. Clay Shirky analiza en Newspaper and Thinking the Unthinkable que la sociedad no necesita periódicos, sólo periodismo y que el futuro del ecosistema periodístico funcionará como hoy funciona el de la investigación, con becas, subsidios, esponsoreo y otras fuentes de financiación alternativas. El debate lleva ya varios años y se enrola en la insistente polémica entre inteligencia colectiva vs culto a lo amateur, llevada al ecosistema de los medios y tamizado por el problema de los formatos, que no por el de la supervivencia. Polémica a la que suscribí hace tiempo con un párrafo en Planeta Web 2.0 (2007) que decía:

(…) el debate sería más apropiado si se busca un término medio con menos fascinación y también menos alarmismo. Ni los editores son los protectores de nuestra cultura (por el cual si una persona se pone a producir sin revisión editorial la calidad decaería estrepitosamente), ni los contenidos de la Web 2.0 son la revolución mediática que liberará a los ciudadanos de los intermediarios, construyendo mejores sociedades. Es incorrecto juzgar a toda la producción Web 2.0 como amateur, cuando se trata más de una plataforma posibilitadora, donde conviven múltiples modelos de producción (…)

El problema está en el hardware, no en la producción de contenidos. Si sumamos las versiones impresas y digitales- el número de lectores de medios escritos (de aquí a nada se dirá “los antiguos periódicos”) está creciendo, lo cual rompe el argumento de la muerte de la prensa escrita. “Si volviera a fundar El País, lo haría digital” dijo Juan Luis Cebrián, Consejero Delegado del Grupo Prisa, en Papiroflexia en los medios, una entrevista en la versión española de Esquire en mayo de 2009.

 

Infographic: The Power of WordPressThe Power of WordPress by Tech King