The kids are alright

No resulta tan extraño encontrarse cada tanto con algún colega docente que se queja porque los estudiantes no leen libros, son “pasotas” y no ven películas de cine “de autor”. Supongo que estos profesores a los 18 años ya habían leído un par de veces el “Ulysses” de Joyce en lengua original, ocupaban cargos de relevancia en las organizaciones políticas juveniles y conocían a fondo la filmografía completa de Eisenstein, Pudovkin y Vertov… Lo diré claramente: cada año que pasa estoy más contento con mis alumnos: mantenemos excelentes conversaciones en clase, trabajan muchísimo y producen investigaciones de gran calidad.

En la UPF -la única universidad española entre las 200 mejores del mundo según el ranking Times Higher Education- recibimos muy buenos alumnos, con una nota de corte elevada, pero esta percepción de la nueva generación de estudiantes la he tenido en casi todos los países donde he enseñado en los últimos años. Está claro que los estudiantes de hoy no son los mismos que entraban en la universidad en los años ’80 o en los ’60: una generación crecida frente a una pantalla interactiva no piensa igual que una generación que leyó a Julio Verne o miró “Los Picapiedras“. Como explicaba Cristina Correa pensando más en la TV que en los medios interactivos, “este sujeto (el estudiante universitario) no está producido en una institución análoga a la universitaria sino en una institución que era radicalmente otra, que tenía otra lógica, otra gramática: el discurso mediático”. En mi artículo ”Desfasados. Las formas de conocimiento que estamos perdiendo, recuperando y ganando” ya hablé del tema. Ante esta realidad los profesores tienen dos posibilidades: o sintonizan con las nuevas generaciones y se adaptan al nuevo ecosistema educomunicativo, o se quedan al margen lamiéndose las heridas como viejos “viudos tristes” (Jauretchedixit).

Dentro de mis estudiantes hay un grupo especialmente activo que, si bien todavía están cursando el último año del grado de Publicidad y Relaciones Públicas, ya se están presentando a todos los concursos y convocatorias que aparecen en Europa. Este grupo formado por Julián Quijano, Sergio Castaño y María San Martín -al cual a veces se suma Sonia Fernández- utiliza la plataforma Cargo para difundir sus proyectos publicitarios. Cargo es un espacio creativo que deriva de otro proyecto colaborativo impresionante: Space Collective.

Lo realmente interesante de este grupo es que logran conjugar de manera muy fuerte diseño, ilustración, animación, teorías de la comunicación, marketing, storytelling, planificación estratégica y conceptualización de ideas. En el último Future Lions -el concurso de publicidad para estudiantes más prestigioso de Europa- han sido seleccionados entre los 20 finalistas (se presentaron más de 800 participantes!). La consigna del Future Lions es clara: los concursantes deben “advertise a product from a global brand in a way that couldn’t have been done five years ago, to an audience of your choosing”. En Tenemos Buenas Ideas (TBI) se pueden ver las propuestas presentadas por estos estudiantes, desde un reality show para Burguer King (!) hasta una campaña institucional para donar sangre (“My Red Pet”), pasando por Kodak y HM.

La campaña “My Red Pet” generó mucho buzz en las redes y medios especializados, por ejemplo en AdlandTV, ThinkingFreak, Creadess y Ongkat. La universidad debe potenciar estas explosiones creativas surgidas desde abajo y acompañarlas hasta que tomen forma y caminen solas.

Otro proyecto destacado es el que han realizado para los productos Heinze:

Resulta interesante la visión que estos estudiantes tienen de su trabajo. En el fondo… ¿Qué es este mini-colectivo que (por ahora) apuesta por el nombre Tenemos Buenas Ideas (TBI)? ¿Una futura agencia de publicidad? ¿La semilla de un grupo multimedia? Ellos prefieren verse como una agencia de “innovación en comunicación”. Y nos advierten: “Olvidaros de spots, cuñas, banners o anuncios. Hablamos de ir más allá: un reality show que incremente los beneficios de una cadena de comida rápida o una app que promueva que la gente done sangre. No somos una agencia: somos personas. Y como personas, ideamos aquello que le gusta a la gente”.

Esta nueva generación de estudiantes de comunicación se mueve como pez en el agua en la nueva ecología mediática, para muchos de ellos el discurso en Stanford de Steve Jobs es su Biblia y están ahí, hambrientos (hungry) y alocados (foolish), a punto de dar el gran salto.

Bonus tracks:

- “Desfasados. Las formas de conocimiento que estamos perdiendo, recuperando y ganando
- “Baricco y los bárbaros: entre Homero, Flaubert y Steve Jobs
- “Piscitelli: un inmigrante en la tierra de los nativos digitales