Universidad y crisis (I): el orden del discurso

La crisis de la universidad en tanto institución educativa superior precede a la económica, pero los efectos avasalladores de esta última impiden poner a foco sus problemas específicos. Todos los que participamos en la vida universitaria -profesores, alumnos, investigadores, personal administrativo- somos en mayor o menor medida conscientes de los límites de la institución. Mientras el mundo exterior cambia a ritmo acelerado, las instituciones educativas tardan en adaptarse y ponerse al servicio de esos cambios. La universidad debe repensarse y ponerse en sintonía con los tiempos que corren. Pero para repensarse debe comenzar por construir un nuevo discurso. Sin un nuevo discurso no habrá nueva práctica.

Los discursos, como decía Michel Foucault, nos indican sobre qué podemos hablar y cómo hablarlo. Al mismo tiempo, excluyen otros posibles temas de discusión. Los discursos imponen un diccionario a los hablantes y ponen límites claros a lo que se puede hacer. Si algo no se pone en discurso, difícilmente se concretará. En este contexto podría decirse que la universidad española se encuentra actualmente encarcelada entre tres discursos que limitan cualquier posibilidad de cambio. Son los siguientes:

  • El discurso de Bolonia: desde hace más de una década las universidades europeas aprendieron a hablar en dialecto boloñés. Este discurso está impregnado de reformas pedagógico-institucionales y una larga serie de conceptos que todo universitario, antes o después, ha pronunciado: crédito europeo, competencias, grados, posgrados, EEES (Espacio Europeo de Educación Superior), Erasmus, etc. En el plano pedagógico Bolonia trajo el rechazo por las clases magistrales, la entronización del “trabajo en grupo” y la “evaluación por competencias”. En el caso español también implicó una profunda y revolucionaria reorganización de los estudios: las licenciaturas que antes duraban cuatro años ahora se llaman “grados” y siguen durando cuatro años… cuando en el resto de Europa se extienden durante sólo tres años. Bolonia podría haber significado un cambio radical en la universidad española pero se prefirió retocar aspectos secundarios y mantener las estructuras tradicionales. Una oportunidad perdida. Creo que, en vez de Proceso de Bolonia, se debería haber llamado Proceso de Palermo; en ese caso vendría bien la famosa frase de Il Gattopardo: hay que “cambiar todo para que nada cambie”.
  • El discurso de la crisis: los latinoamericanos en general y los argentinos en particular somos hijos de las crisis. Si, en plural. Somos hijos de muchas y recurrentes crisis (económicas, políticas, bélicas, culturales, deportivas, etc.). Hoy en España el discurso de la crisis es hegemónico. Crisis en singular, única, inolvidable. El discurso español de la crisis tiene más de un punto de contacto con los discursos que se escuchaban en América Latina en las décadas anteriores (ver mi post Prima de riesgo). La crisis trae su propio vocabulario bajo el brazo: recortes, ajuste, prima de riesgo, intervenciónmercados, agitación, etc. En el ámbito universitario el discurso de crisis se adapta a la institución.  Esto hace que nos pasemos horas y horas hablando de presupuestos, reducción, personal, profesores adjuntos, créditos de dedicación, etc. (y no hablando de otras cosas).
  • El discurso de la innovación: También en los últimos años otro discurso fue abriéndose camino en los entornos universitarios. Este discurso propone una serie de conceptos e ideas que, a primera vista, significan un soplo de aire fresco. Nos habla de innovación, star-ups, incubadoras, emprendedores internacionalización. Este discurso proveniente de los ámbitos empresariales y de las business schools ha calado hondo en más de un rector, decano o gestor universitario. En todo discurso público de frente a alumnos, profesores o invitados, siempre suena bien hacer alguna mención a la “innovación” o la “internacionalización de los estudios”. Lástima que son realmente pocas las universidades que asumen este desafío y hacen algo por concretarlo (por suerte la UPF es una de ellas). Me ha tocado escuchar hablar de “internacionalización” e “innovación” a personajes universitarios mediocres, hiperlocalistas y conservadores. Si la innovación no se practica termina siendo un discurso vacío que esconde la propia inmovilidad institucional.

Cada uno de estos discursos nos impone una agenda de trabajo y un marco de acción. Todos juntos se convierten en una muralla que limita cualquier tipo de pensamiento y acción de transformación. Si la universidad no escapa de estas murallas discursivas y comienza a desarrollar otro tipo de enunciados, nunca saldrá de la trampa y seguirá llenándose la boca con recortes, competencias e innovación. Como dije más arriba, sin un nuevo discurso no habrá una nueva universidad.

Obviamente, este planteo basado en la construcción de un nuevo discurso para transformar la realidad va mucho más allá de la universidad. Algo parecido pasa en la política, donde la mayoría de los partidos repiten las mismas cosas -que le dictan los “mercados”- y no dicen nada nuevo… Por no referirme a la economía, un campo discursivo donde hasta ahora se maneja un único relato que sirve de contexto a la más profunda reestructuración del capitalismo europeo vivida en décadas. ¿Conseguirá el movimiento 15M construir un nuevo discurso político? Está por verse… Lo mismo podría decirse de las conversaciones sobre la crisis de los medios. Hay que cambiar muchas cosas y este post sólo aspira a abrir la discusión sobre la transformación en la universidad, la institución más vieja de Occidente después del Vaticano.

¿Cómo construir una nueva agenda discursiva universitaria? ¿Cómo reinventar el discurso universitario? En las próximas partes de este post dejaré caer algunas reflexiones y propuestas.

Continuará la semana próxima.