Universidad y crisis (II): la long tail educativa

Viene de la primera parte: Universidad y crisis (I): el orden del discurso

 
De cuando Watson conoce a Holmes

Al principio de Un Estudio en Escarlata (A. Conan Doyle, 1887), la primera obra con las aventuras de Sherlock Holmes y Watson, encontramos el siguiente diálogo:

—No conoce usted aún a Sherlock Holmes; quizá no le interese tenerle constantemente de compañero.
—¿Por qué? ¿Hay algo en contra suya?
—Yo no he dicho que haya algo en contra suya. Es hombre de ideas raras. Le entusiasman determinadas ramas de la ciencia. Por lo que yo sé, es persona bastante aceptable.
—¿Estudia quizá Medicina? —le pregunté.
—No… Yo no creo que se proponga seguir esa carrera. En mi opinión, domina la anatomía y es un químico de primera clase; sin embargo, nunca asistió de manera sistemática, que yo sepa, a clases de Medicina. Es muy voluble y excéntrico en sus estudios; pero ha hecho un gran acopio de conocimientos poco corrientes, que asombrarían a sus profesores

Holmes sabía de leyes, anatomía, algo de botánica y geología, bastante de química y mucho de crímenes e historia policial. Dado que no existía una carrera universitaria de “detective-consultor”, Sherlock Holmes se había construido su propio recorrido formativo. Lo que el sistema universitario victoriano no le ofrecía, él lo inventó frecuentando cursos en diferentes facultades y completando esa formación con el autoaprendizaje.

 

 

Repensar la universidad

En el post anterior propuse repensar la universidad mientras nos alejamos de la repetición mecánica de discursos que sólo nos impiden transformarla. Comencemos a pensar en otros términos. Los últimos decretos vinculados a la universidad española nos hablan de una reducción del número de grados. Ya en las últimas épocas del gobierno Zapatero (2010) se comenzaba a pensar en “racionalizar la oferta de titulaciones” y especializar a cada institución en ciertas áreas del conocimiento. En 2007 había para elegir unas 3.300 carreras (teniendo en cuenta todas las veces que las universidades repetían cada título); en el 2010 esa cifra había aumentado a 4.700 entre grados y másteres. La agudización de la crisis y la llegada del nuevo gobierno volvieron a poner sobre la mesa la cuestión de la oferta de titulaciones. Según un estudio de la Fundación BBVA en colaboración con el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas difundido en abril de este año “sobran carreras, pero no universidades ni titulados”.

Este informe sostiene que la oferta de titulaciones que no se ajusta a la demanda. Un 29% de las titulaciones ofrecidas en 2009-2010 contaban con menos de 40 alumnos por curso, mientras que la media estaba en 94. Esa escasa cantidad de alumnado en las aulas se da sobre todo en las titulaciones de humanidades, enseñanzas técnicas y ciencias experimentales, y mantener la estructura necesaria para que sigan en el catálogo para tan pocos alumnos es más costoso en términos relativos respecto a otras ramas (leer síntesis del informe en El País). ¿Cómo repensar a la universidad a partir de estas premisas? ¿Qué pasa en otros mercados -ni siquiera educativos- con la oferta y la demanda?

The Long Tail

En 2006 Chris Anderson -director de Wired Magazine- publicó el famoso libro The Long Tail que oportunamente reseñamos en Digitalismo. El planteo de Anderson es ultraconocido pero prefiero resumirlo brevemente antes de seguir. Según Anderson estamos de frente a una de las transformaciones más importantes de la economía en red: la extensión de los mercados gracias a la expansión de la oferta de productos. En pocas palabras, estamos pasando de una economía basada en los hits (muchos consumen un puñado de productos exitosos) a otra fundada en los nichos (el mercado se fragmenta en el consumo de una larga serie -la “larga cola”- de productos muy específicos). La difusión de la red digital, sumada a sofisticadas tecnologías como los potentes motores de búsqueda, los filtros que nos permiten encontrar lo que buscamos e identificar productos similares o los programas que facilitan la producción cultural, están transformado de manera radical nuestra concepción de los mercados, la producción y el consumo. La siguiente imagen representa claramente el concepto de la larga cola:

 

 

Hoy el discurso de la crisis nos lleva a eliminar titulaciones porque tienen pocos alumnos; creo que esta práctica debería reemplazarse por otra de tipo expansivo en clave “long tail”. Lo diré de forma tajante: la universidad, en vez de cerrar su oferta educativa y reducir el número de grados, debería aumentarla para cubrir el amplio espectro de la “larga cola”. En vez de concentrarse en la cabeza -pocas titulaciones con muchos alumnos- la universidad debería también ofrecer muchos grados especializados (aunque el número de alumnos sea pequeño).

En la universidad española abrir un nuevo grado significa meterse en un parto largo y burocrático donde la propuesta es examinada, evaluada y mirada con lupa por funcionarios ministeriales y universitarios. Entre el envío de la propuesta y la puesta en práctica pueden pasar dos o más años. Y es probable que el nuevo grado, cuando sea finalmente aprobado y puesto en práctica, termine ofreciendo contenidos ya superados por la evolución del mundo profesional. Para poder extender a la larga cola la universidad debería flexibilizar su estructura de formación y subdividirla en unidades más pequeñas -”módulos” o inclusive “asignaturas”- que permitan ser recombinadas para dar lugar a un espectro mayor de titulaciones. No es necesario que todos estos módulos o asignaturas se dicten de forma presencial: algunos podrían ser semipresenciales o totalmente en línea.

Un ejemplo nos ayudará a aclarar el planteo: en las universidades españolas prácticamente no hay oferta de grados en creación de videojuegos; en el Reino Unido hay cientos de grados! Solo en la University of Teeside tienen cinco (5) titulaciones dedicadas a Computer Games que cubren diferentes perfiles: animación, arte, diseño, programación, etc. Visité esta universidad en el 2005: esos grados se crearon remezclando una serie de módulos de formación como si fueran ladrillos de Lego. Si mañana fuera necesario crear un nuevo perfil profesional -digamos un grado en juegos de realidad aumentada- bastaría incorporar un par de módulos nuevos y aprovechar algunos de los módulos ya existentes. Obviamente, en el Reino Unido cada universidad gestiona sus propias titulaciones con un grado de libertad impensable en España.

 

 

La ‘long tail’ educativa no es una utopía. Ya se está verificando. Dicho en otras palabras: lo que la universidad no sabe, no puede o no quiere hacer, lo están haciendo otros por afuera de la institución. Desde hace más de un año con mis colegas Hugo Pardo Kuklinski y Cristóbal Cobo venimos deshojando la margarita de la desintermediación educativa (ver algunos links al final de este post). Por todo el planeta se están difundiendo experiencias formativas extra-institucionales, en muchos casos desintermediadas o gestionadas a traves de nuevas formas de intermediación distribuida (o intermediación 2.0). La semana pasada apareció un artículo en El Mundo titulado precisamente ¿Quién necesita un título cuando puede aprender gratis en Internet? Experiencias como Khan Academy, iTunes U o TEDEd marcan un camino.

 

 

La universidad tiene una buena oportunidad: salir a la conquista de la larga cola educativa a través de la expansión de su oferta de titulaciones, incluyendo no sólo “grados” y “postgrados” sino también formatos nuevos de menor duración y mayor especialización. Lo que la universidad no haga, lo harán otros, y el espacio de la institución se irá reduciendo progresivamente hasta concentrarse en un minúsculo grupo de carreras de largo aliento cursadas por muchos estudiantes. No me extrañaría que más de un profesor universitario de la vieja escuela esté conforme con este escenario (una universidad enrocada en la venta de hits académicos). Por mi parte, prefiero una universidad que se anime a explorar la larga cola, busque nuevos formatos educativos -más breves, más específicos- y sepa incorporar algunas de las lógicas educativas que están emergiendo por afuera de los claustros.

 

 

El tema de la especialización está fuera de discusión: cada universidad debería identificar sus áreas de excelencia y apostar por ellas. No se puede ser bueno en todo. Pero al mismo tiempo la sociedad necesita figuras profesionales expertas, con perfiles actualizados y en sintonía con la realidad. Tal como están las cosas, los procesos internos de la universidad y los protocolos externos (ministerio y/o comunidad autónoma) frenan el proceso de creación de nuevas titulaciones y la expansión de la “larga cola” educativa. Los Sherlock Holmes del siglo XXI tienen dos posibilidades: esperar que la universidad expanda y flexibilice su oferta educativa, o buscar alternativas de formación fuera de la institución. ¿Hasta cuándo esperarán?

Bonus tracks:

- El fin de la escasez académica
Apertura, desintermediación o re-intermediación. Una visión de la educación
Producción y distribución del conocimiento en la Era de la Ciberintermediación